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                  En lo que al Sentido de la vida, el universo y todo lo demás respecta , lo más probable es que todo geek -que se precie de tal- alguna vez se enfrentó a la inquisitiva duda. Lo segundo más probable -tratándose de un geek- es que la respuesta automática a dicha pregunta  sea Cuarenta y dos.

Esta breve respuesta numérica es la que ofrece Douglas Adams en su célebre saga de ciencia ficción The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy ( Guía del viajero -a dedo- intergaláctico o THGTG), la cual la podríamos definir como una parodia de ciencia ficcón, en la cual Douglas Adams se burla del estilo de habla  académico, llenándolo con argumentaciones lógicas que generalmente llevan a absurdos, lo que desde luego es muy propio del humor Non Sequitur  Británico.

En el primero de los cinco volúmenes, Douglas Adams narra lo siguiente:

     Hace millones de años, una raza de seres hiperinteligentes y Pandimensionales, cansados del constante partoleo  filosófico sobre el significado de la vida le encargaron a dos de sus mejores científicos construir una “estupenda supercomputadora” para calcular la respuesta de la vida el universo y todo lo demás, a la cual llamaron “Deep Thought” (pensamiento profundo), esta computadora era tan inteligente que antes de siquiera encenderla ya había llegado a la conclusión “Pienso, luego existo” de Descartes y  calculado en milisegundos la trayectoria de todas las partículas de polvo de una tormenta de arena cinco semanas antes de que ocurriera. Luego de calcular durante 7 millones y medios de años dio como respuesta 42, ante  la incredulidad e indignación de los representantes de la especie, Deep Thought explica que la respuesta es sin duda verdadera, el problema es sus creadores de partida no conocían “la pregunta final de la vida el universo y todo lo demás”, y tampoco se habían molestado en descubrirla, para descubrirla Deep Thought propone construir una nueva computadora, la cual será tan compleja que su su hardware tendrá seres orgánicos, los cuales la llamarán: La tierra.

¿Que tiene que ver Wittgenstein aquí?

Ludwig Josef Johann Wittgenstein fue un filósofo, ingeniero, lingüista y lógico austríaco cuyo pensamiento dio origen a toda una corriente filosófica en el sigo XX: La filosofía analitica. Su único libro publicado en vida, el Tractatus lógico-philosophicus, se compone por muchos enunciados cortos (tweets LOL), los cuales sin embargo tienen un profundo y complejo significado lógico. El Tractatus  influyó en gran medida a los positivistas lógicos del Círculo de Viena.

La conexión entre “THGTG” y Wittgenstein la encontramos en su posición con respecto a las fronteras del lenguaje, y los limites del conocimiento:

 Para una respuesta que no se puede expresar, la pregunta tampoco puede expresarse.
No hay enigma.
Si se puede plantear una cuestión, también se puede responder. (Tractatus, 6.5 )

Si la computadora es tan inteligente como parece, lo más probable es que en realidad ni siquiera haya entendido la pregunta, en este sentido la respuesta de Deep Thought (42) es sumamente elegante,  ya  que la lógica formal también busca resolver cuestiones filosoficas por medio de números, y las computadoras también funcionan como sistemas formales de lógica, con esta respuesta Deep Thought deja en evidencia que ni siquiera la raza alienigena  era capaz de formular la pregunta, por eso la respuesta carece de total sentido.

A diferencia de los primeros filósofos  Wittgenstein dice que en ultima instancia los problemas  de la vida no pueden ser resueltos únicamente por la ciencia o la filosofía, dando mayor énfasis a las ciencias naturales, la lógica y el lenguaje. Según Wittgenstein no existen problemas filosóficos propiamente tal,  sino que hay problemas del lenguaje, ya que al ser este una herramienta, existen tantos juegos del lenguaje como utilizaciones posibles, Wittgenstein dijo una vez que si hubiese tenido mejor sentido del humor habría escrito su pensamiento con puros chistes, ya que en un chiste se ve como una misma palabra puede tener dos significados , al estar inserta en dos juegos del lenguaje simultáneamente.

Sin embargo esto no significa negar o restarle importancia a los problemas de la vida, solo demuestra lo poco que se gana “solucionándolos” filosóficamente, ya que no se pueden abordar por medio del lenguaje,  el filósofo solo puede “subir por una escalera”, observar , y luego dejar todo como estaba al principio: Botar la escalera.

Para Wittgenstein, de existir un un sentido final para todo lo que existe, estaría fuera del lenguaje, en el tercer volumen de “THGTG” el protagonista se encuentra con un ser de otro universo, el cual dice conocer la pregunta, pero que le falta la respuesta, el problema es que dada la naturaleza de la pregunta es imposible formularla en este universo. Según Wittgenstein “los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo”, por lo que sólo podríamos decir cosas sobre el mundo como un todo, si pudiésemos salir fuera del mundo, es decir. Si dejase de ser para nosotros el mundo.

 “El sentido del mundo debe quedar fuera del mundo. En el mundo todo es como es y sucede como sucede: en él no hay ningún valor, y aunque lo hubiese no tendría ningún valor.
Si hay un valor que tenga valor, debe quedar fuera de todo lo que ocurre y de todo ser-así. Pues todo lo que ocurre y todo ser-así son casuales.
Lo que lo hace no casual no puede quedar en el mundo, pues de otro modo sería a su vez casual.
Debe quedar fuera del mundo”. (Tractatus 6.41)

Por otro lado Wittgenstein dice que “La solución del problema de la vida está en la desaparición de este problema” (Tractatus 6.521), lo que concuerda con la solución que da “Deep Thought”, ya que al crear la tierra el problema se desvanecerá como consecuencia del  proceso propio de la vida, esta misma circularidad se evidencia cuando Adams dice:

“Hay una teoría que afirma que si alguien descubriera lo que es exactamente el universo y el porqué de su existencia, desaparecería al instante y sería sustituido por algo aún más extraño e inexplicable. Hay otra teoría que afirma que eso ya ha ocurrido” (The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy)

Finalmente pareciera que tanto para Wittgenstein como para Adams la ciencia, la lógica y la filosofía deberían terminar donde termina el lenguaje, pero de hecho ¡la vida misma no lo hace!

  • Descargas:

Libros: 5 volumenes (en español)

Tractatus Lógico-filosófico (Wittgenstein 1921) (español)

Película: DvdRip audio latino (2005)  Ver OnlineDescargar en Avi

Serie radial:  En inglés

Comic: En Inglés

Fuentes: TerceraCultura,PhilosophyNow, e internet.

Nota:  Si desea  que le envíe la  película directamente por dropbox puede solicitarlo a  abr.caro@gmail.com o en mi twitter @psicologeek.

10 minutos en un restaurante y 15 para volver a llamar a quien no contestó. Eso es lo máximo que hoy están dispuestos a esperar los chilenos. Una encuesta de la Universidad de Talca revela cómo hemos perdido la paciencia y qué situaciones son las que más nos irritan.

 

La alerta la dio ese oficinista estresado que destrozaba teclado y monitor en el comercial de un relajante natural, algunos años atrás. Esa fue la primera vez que discutimos sobre lo impacientes que nos estaba poniendo el trabajo y la vida rápida, pero el golpe de gracia vino hace poco, con un joven que reclamaba su hamburguesa a-ho-ra, sin importar que fueran las ocho de la mañana en un local de comida rápida. Tanto circuló el video por internet, que incluso una compañía telefónica usó la frase para publicitarse. La popularidad que alcanzan anécdotas como esta hace pensar que nos estamos identificando cada vez más con la irritabilidad a flor de piel, y puede que estemos en lo cierto. Resulta que, según una encuesta del Centro de Estudios de Opinión Ciudadana-U. de Talca, los chilenos están perdiendo la paciencia y se están volviendo incapaces de acciones tan básicas como esperar más de un minuto para que se cargue una página en internet o 15 minutos para que alguien les devuelva una llamada telefónica.

La encuesta, conducida por la investigadora Marcela Castro, reveló algo que sólo sospechábamos cada vez que un amigo se enojaba porque llegábamos con cinco minutos de retraso a un compromiso: vivimos demasiado rápido. Por ejemplo, la vieja costumbre de llegar a un restaurante, conversar y tomarse el tiempo necesario para elegir lo mejor del menú se está convirtiendo en algo derechamente sepultado en el recuerdo, pues para el 47,6% de los chilenos, 10 minutos son el límite aceptable antes de demostrar su molestia porque no les han tomado la orden. Pero la cosa podría ser peor, como en Inglaterra, donde, según una encuesta a más de dos mil personas, la desesperación por la comida empieza sólo ocho minutos y 38 segundos después de haber hecho el pedido.

Todos nos damos cuenta de nuestro ritmo vertiginoso. Es por eso que un aplastante 94,3% de los encuestados cree que los chilenos somos más impacientes que antes, un fenómeno que, según los especialistas, obedece a diferentes motivos, siendo uno de los más importantes el acostumbramiento a las nuevas tecnologías y la inmediatez de internet. Esto es claro para el decano de Sicología de la UAI, Jorge Sanhueza, quien asegura que es posible pensar que las personas más impacientes son “aquellas relacionadas con una sociedad que va rápido en el conocimiento, en el acceso a la información. La gente conectada a internet es la que está más relacionada con la inmediatez”. Y, señala, como la conexión ininterrumpida ya no es privilegio de unos pocos, sino que se ha transformado en un “mal necesario” para la sociedad, la tendencia es que todos terminemos acostumbrados a la instantaneidad en cualquiera de sus formas.

Quizás por esto, en países aún más tecnologizados, como Inglaterra, las personas viven incluso más de prisa y no esperan más de 10 minutos a un amigo con el que pretendían juntarse ni en el teléfono más de cinco, señala su encuesta.

Según el especialista, esta sensación de tener a todos nuestros amigos, familiares y conocidos al alcance del celular, o al mundo entero frente a nosotros con tan sólo encender el computador, nos ha dado una sensación de control que tememos perder. “En la medida en que tienes más control, esperas tener todo a la mano. Si quieres hablar con alguien, esperas que te conteste de inmediato.” Y eso es evidente en las cifras chilenas, ya que un 64,8% de las personas espera sólo 15 minutos o menos antes de volver a llamar a alguien que necesita localizar y que no le ha contestado la primera vez. Los ingleses, por su parte, confiesan no esperar una llamada de vuelta por más de 13 minutos y 16 segundos antes de perder la paciencia.

Y esta debilidad por la velocidad ha hecho que incluso comencemos a olvidar la cortesía. Ya pasaron los tiempos de apurarse para no llegar tarde a ver a los amigos o pagar las cuentas. De hecho, hoy a la gente le cuesta mucho comprender que un banco esté cerrado a las dos de la tarde o que haya trámites que sólo se puedan hacer dentro de ciertos horarios.

Esto, en opinión de Sanhueza, se debe a la dinámica de internet, que nos ha acostumbrado a que las cuentas se pueden pagar a las 12 de la noche o a que siempre habrá un ejecutivo telefónico dispuesto a escuchar nuestros reclamos.

Pero las cuentas no son lo único, porque si hoy no estamos siendo amables con las personas que nos prestan servicios, la cosa no va mucho mejor con los amigos. Podría ser más o menos comprensible que un 53,8% de las personas se irrite si la o el cajero es demasiado lento, pero ciertamente llama la atención que un 51,2% de los encuestados pierda los estribos con las historias demasiado lentas de sus amigos y les pida que vayan al grano y que terminen pronto.

Sin embargo, a pesar de este clima, que podría redundar en un altercado tras otro, los chilenos no explicitamos, como tantas otras emociones, nuestra impaciencia. Esto se demuestra en que, cuando se les pregunta a las personas si han sido violentas al volante o si han insultado a otras personas por algo, el menor porcentaje declara haber incurrido en acciones que pudieran considerarse físicamente hostiles, como tocarle la bocina al conductor de al lado o tener un encontrón con las cajeras del supermercado. Pero esto cambia radicalmente cuando se le pregunta a las personas si han sentido ganas de pegarle a alguien en el último mes, ya que un 60% reconoce haber querido solucionar los problemas a golpes.

Sanhueza señala que esto hace evidente que, a pesar de que hoy somos más impacientes, no somos expresivos emocionalmente. “Eso es bien caractereológico, pues los chilenos seguimos teniendo un carácter nacional poco expresivo, sobre todo en lo que se refiere a las emociones de signo negativo, que no hemos manifestado nunca. Estamos perdiendo la paciencia, pero no lo estamos expresando todavía, y probablemente por eso haya más úlceras, más trastornos digestivos, algo más de estrés”.

El doctor en Sociología y académico de la Universidad Central, Carlos Livacic, cree que hay otro factor responsable de estos resultados: el cambio de las aspiraciones de los chilenos. El especialista asegura que “tenemos una dinámica aspiracional desde la perspectiva de los estilos de vida. Quieres vivir y vivir muy bien, lo que te obliga a estar en más de un frente, por lo que los períodos de tiempo libre están muy acotados, muy restringidos. Eso nos obliga a estar demasiado atentos a situaciones puntuales y la intolerancia se va acumulando”.

Las mujeres y la falta de tiempo

Según esta encuesta y en contra de lo que pudiera pensarse, por el carácter más agresivo que se suele asociar a los hombres, son las mujeres las que pierden la paciencia con mayor facilidad. Por ejemplo, a la hora de enfrentar a una cajera o cajero particularmente lento en el supermercado, el 53% de las mujeres se irrita, versus el 49% de los hombres que cae en la desesperación. Algo similar ocurre cuando se está esperando a la pareja para salir a alguna parte, momento en que el 33% de las mujeres se pasea impacientemente por la casa, en comparación con el 30% de los hombres que tomaría esa actitud.

Según los especialistas, esto tiene que ver con algo que las mismas mujeres, mucho más que los hombres, declararon en esta encuesta: sienten que la impaciencia es el resultado de la falta de tiempo.

Para Sanhueza, esto se explica por los roles de cada uno y la doble y hasta triple, según el especialista, jornada laboral de la mujer. “Cuando la mujer está más sobredemandada por su condición de género, eso indudablemente la afecta más en la impaciencia, porque tiene más roles que cumplir y, por lo tanto, tiene menos tiempo disponible”.

Con esta idea concuerda Carlos Livacic, que señala que para todos es claro que la carga no es la misma para hombres y mujeres, y que esto puede ir de la mano con la automedicación más alta en ellas, que deben hacer frente a más situaciones de estrés cotidianas.
Via | Latercera.com