Category: Ciencia


                  En lo que al Sentido de la vida, el universo y todo lo demás respecta , lo más probable es que todo geek -que se precie de tal- alguna vez se enfrentó a la inquisitiva duda. Lo segundo más probable -tratándose de un geek- es que la respuesta automática a dicha pregunta  sea Cuarenta y dos.

Esta breve respuesta numérica es la que ofrece Douglas Adams en su célebre saga de ciencia ficción The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy ( Guía del viajero -a dedo- intergaláctico o THGTG), la cual la podríamos definir como una parodia de ciencia ficcón, en la cual Douglas Adams se burla del estilo de habla  académico, llenándolo con argumentaciones lógicas que generalmente llevan a absurdos, lo que desde luego es muy propio del humor Non Sequitur  Británico.

En el primero de los cinco volúmenes, Douglas Adams narra lo siguiente:

     Hace millones de años, una raza de seres hiperinteligentes y Pandimensionales, cansados del constante partoleo  filosófico sobre el significado de la vida le encargaron a dos de sus mejores científicos construir una “estupenda supercomputadora” para calcular la respuesta de la vida el universo y todo lo demás, a la cual llamaron “Deep Thought” (pensamiento profundo), esta computadora era tan inteligente que antes de siquiera encenderla ya había llegado a la conclusión “Pienso, luego existo” de Descartes y  calculado en milisegundos la trayectoria de todas las partículas de polvo de una tormenta de arena cinco semanas antes de que ocurriera. Luego de calcular durante 7 millones y medios de años dio como respuesta 42, ante  la incredulidad e indignación de los representantes de la especie, Deep Thought explica que la respuesta es sin duda verdadera, el problema es sus creadores de partida no conocían “la pregunta final de la vida el universo y todo lo demás”, y tampoco se habían molestado en descubrirla, para descubrirla Deep Thought propone construir una nueva computadora, la cual será tan compleja que su su hardware tendrá seres orgánicos, los cuales la llamarán: La tierra.

¿Que tiene que ver Wittgenstein aquí?

Ludwig Josef Johann Wittgenstein fue un filósofo, ingeniero, lingüista y lógico austríaco cuyo pensamiento dio origen a toda una corriente filosófica en el sigo XX: La filosofía analitica. Su único libro publicado en vida, el Tractatus lógico-philosophicus, se compone por muchos enunciados cortos (tweets LOL), los cuales sin embargo tienen un profundo y complejo significado lógico. El Tractatus  influyó en gran medida a los positivistas lógicos del Círculo de Viena.

La conexión entre “THGTG” y Wittgenstein la encontramos en su posición con respecto a las fronteras del lenguaje, y los limites del conocimiento:

 Para una respuesta que no se puede expresar, la pregunta tampoco puede expresarse.
No hay enigma.
Si se puede plantear una cuestión, también se puede responder. (Tractatus, 6.5 )

Si la computadora es tan inteligente como parece, lo más probable es que en realidad ni siquiera haya entendido la pregunta, en este sentido la respuesta de Deep Thought (42) es sumamente elegante,  ya  que la lógica formal también busca resolver cuestiones filosoficas por medio de números, y las computadoras también funcionan como sistemas formales de lógica, con esta respuesta Deep Thought deja en evidencia que ni siquiera la raza alienigena  era capaz de formular la pregunta, por eso la respuesta carece de total sentido.

A diferencia de los primeros filósofos  Wittgenstein dice que en ultima instancia los problemas  de la vida no pueden ser resueltos únicamente por la ciencia o la filosofía, dando mayor énfasis a las ciencias naturales, la lógica y el lenguaje. Según Wittgenstein no existen problemas filosóficos propiamente tal,  sino que hay problemas del lenguaje, ya que al ser este una herramienta, existen tantos juegos del lenguaje como utilizaciones posibles, Wittgenstein dijo una vez que si hubiese tenido mejor sentido del humor habría escrito su pensamiento con puros chistes, ya que en un chiste se ve como una misma palabra puede tener dos significados , al estar inserta en dos juegos del lenguaje simultáneamente.

Sin embargo esto no significa negar o restarle importancia a los problemas de la vida, solo demuestra lo poco que se gana “solucionándolos” filosóficamente, ya que no se pueden abordar por medio del lenguaje,  el filósofo solo puede “subir por una escalera”, observar , y luego dejar todo como estaba al principio: Botar la escalera.

Para Wittgenstein, de existir un un sentido final para todo lo que existe, estaría fuera del lenguaje, en el tercer volumen de “THGTG” el protagonista se encuentra con un ser de otro universo, el cual dice conocer la pregunta, pero que le falta la respuesta, el problema es que dada la naturaleza de la pregunta es imposible formularla en este universo. Según Wittgenstein “los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo”, por lo que sólo podríamos decir cosas sobre el mundo como un todo, si pudiésemos salir fuera del mundo, es decir. Si dejase de ser para nosotros el mundo.

 “El sentido del mundo debe quedar fuera del mundo. En el mundo todo es como es y sucede como sucede: en él no hay ningún valor, y aunque lo hubiese no tendría ningún valor.
Si hay un valor que tenga valor, debe quedar fuera de todo lo que ocurre y de todo ser-así. Pues todo lo que ocurre y todo ser-así son casuales.
Lo que lo hace no casual no puede quedar en el mundo, pues de otro modo sería a su vez casual.
Debe quedar fuera del mundo”. (Tractatus 6.41)

Por otro lado Wittgenstein dice que “La solución del problema de la vida está en la desaparición de este problema” (Tractatus 6.521), lo que concuerda con la solución que da “Deep Thought”, ya que al crear la tierra el problema se desvanecerá como consecuencia del  proceso propio de la vida, esta misma circularidad se evidencia cuando Adams dice:

“Hay una teoría que afirma que si alguien descubriera lo que es exactamente el universo y el porqué de su existencia, desaparecería al instante y sería sustituido por algo aún más extraño e inexplicable. Hay otra teoría que afirma que eso ya ha ocurrido” (The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy)

Finalmente pareciera que tanto para Wittgenstein como para Adams la ciencia, la lógica y la filosofía deberían terminar donde termina el lenguaje, pero de hecho ¡la vida misma no lo hace!

  • Descargas:

Libros: 5 volumenes (en español)

Tractatus Lógico-filosófico (Wittgenstein 1921) (español)

Película: DvdRip audio latino (2005)  Ver OnlineDescargar en Avi

Serie radial:  En inglés

Comic: En Inglés

Fuentes: TerceraCultura,PhilosophyNow, e internet.

Nota:  Si desea  que le envíe la  película directamente por dropbox puede solicitarlo a  abr.caro@gmail.com o en mi twitter @psicologeek.

La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de

2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en

luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha

entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta manera:

Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de Multivac.

Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que pasaba detrás del

rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso -kilómetros y kilómetros de

rostro- de la gigantesca computadora. Al menos tenían una vaga noción del plan

general de circuitos y retransmirores que desde hacía mucho tiempo habían

superado toda posibilidad de ser dominados por una sola persona.

Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque nada que fuera

humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez suficiente o siquiera con la

eficacia suficiente. De manera que Adell y Lupov atendían al monstruoso gigante

sólo en forma ligera y superficial, pero lo hacían tan bien como podría hacerlo

cualquier otro hombre. La alimentaban con información, adaptaban las preguntas

a sus necesidades y traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y

todos los demás asistentes tenían pleno derecho a compartir la gloria de Multivac.

Durante décadas, Multivac ayudó a diseñar naves y a trazar las trayectorias que

permitieron al hombre llegar a la Luna, a Marte y a Venus, pero después de eso,

los pobres recursos de la Tierra ya no pudieron serles de utilidad a las naves. Se

necesitaba demasiada energía para los viajes largos y pese a que la Tierra

explotaba su carbón y uranio con creciente eficacia había una cantidad limitada de

ambos.

Pero lentamente, Multivac aprendió lo suficiente como para responder a las

preguntas más complejas en forma más profunda, y el 14 de mayo de 2061 lo que

hasta ese momento era teoría se convirtió en realidad.

La energía del Sol fue almacenada, modificada y utilizada directamente en todo el

planeta. Cesó en todas partes el hábito de quemar carbón y fisionar uranio y toda

la Tierra se conectó con una pequeña estación -de un kilómetro y medio de

diámetro- que circundaba el planeta a mitad de distancia de la Luna, para

funcionar con rayos invisibles de energía solar.

Siete días no habían alcanzado para empañar la gloria del acontecimiento, y Adell

y Lupov finalmente lograron escapar de la celebración pública, para refugiarse

donde nadie pensaría en buscarlos: en las desiertas cámaras subterráneas, donde

se veían partes del poderoso cuerpo enterrado de Multivac. Sin asistentes, ociosa,

clasificando datos con clicks satisfechos y perezosos, Multivac también se había

ganado sus vacaciones y los asistentes la respetaban y originalmente no tenían

intención de perturbarla.

Se habían llevado una botella, y su única preocupación en ese momento era

relajarse y disfrutar de la bebida.

– Es asombroso, cuando uno lo piensa -dijo Adell. En su rostro ancho se veían

huellas de cansancio, y removió lentamente la bebida con una varilla de vidrio,

observando el movimiento de los cubos de hielo en su interior. – Toda la energía

que podremos usar de ahora en adelante, gratis. Suficiente energía, si

quisiéramos emplearla, como para derretir a toda la Tierra y convertirla en una

enorme gota de hierro líquido impuro, y no echar de menos la energía empleada.

Toda la energía que podremos usar por siempre y siempre y siempre.

Lupov ladeó la cabeza. Tenía el hábito de hacerlo cuando quería oponerse a lo

que oía, y en ese momento quería oponerse; en parte porque había tenido que

llevar el hielo y los vasos.

– No para siempre -dijo.

– Ah, vamos, prácticamente para siempre. Hasta que el Sol se apague, Bert.

– Entonces no es para siempre.

– Muy bien, entonces. Durante miles de millones de años. Veinte mil millones, tal

vez. ¿Estás satisfecho?

Lupov se pasó los dedos por los escasos cabellos como para asegurarse de que

todavía le quedaban algunos y tomó un pequeño sorbo de su bebida.

– Veinte mil millones de años no es ‘para siempre’.

– Bien, pero superará nuestra época ¿verdad?

– También la superarán el carbón y el uranio.

– De acuerdo, pero ahora podemos conectar cada nave espacial individualmente

con la Estación Solar, y hacer que vaya y regrese de Plutón un millón de veces sin

que tengamos que preocuparnos por el combustible. No puedes hacer eso con

carbón y uranio. Pregúntale a Multivac, si no me crees.

– No necesito preguntarle a Multivac. Lo sé. – Entonces deja de quitarle méritos a

lo que Multivac ha hecho por nosotros -dijo Adell, malhumorado-. Se portó muy

bien.

– ¿Quién dice que no? Lo que yo sostengo es que el Sol no durará eternamente.

Eso es todo lo que digo. Estamos a salvo por veinte mil millones de años, pero ¿y

luego? -Lupov apuntó con un dedo tembloroso al otro. – Y no me digas que nos

conectaremos con otro Sol.

Durante un rato hubo silencio. Adell se llevaba la copa a los labios sólo de vez en

cuando, y los ojos de Lupov se cerraron lentamente. Descansaron.

De pronto Lupov abrió los ojos.

– Piensas que nos conectaremos con otro Sol cuando el nuestro muera, ¿verdad?

– No estoy pensando nada.

– Seguro que estás pensando. Eres malo en lógica, ése es tu problema. Eres

como ese tipo del cuento a quien lo soprendió un chaparrón, corrió a refugiarse en

un monte y se paró bajo un árbol. No se preocupaba porque pensaba que cuando

un árbol estuviera totalmente mojado, simplemente iría a guarecerse bajo otro.

– Entiendo -dijo Adell-, no grites. Cuando el Sol muera, las otras estrellas habrán

muerto también.

– Por supuesto -murmuró Lupov-. Todo comenzó con la explosión cósmica original,

fuera lo que fuese, y todo terminará cuando todas las estrellas se extingan.

Algunas se agotan antes que otras. Por Dios, los gigantes no durarán cien

millones de años. El Sol durará veinte mil millones de años y tal vez las enanas

durarán cien mil millones por mejores que sean. Pero en un trillón de años

estaremos a oscuras. La entropía tiene que incrementarse al máximo, eso es todo.

– Sé todo lo que hay que saber sobre la entropía -dijo Adell, tocado en su amor

propio.

– ¡Qué vas a saber!

– Sé tanto como tú.

– Entonces sabes que todo se extinguirá algún día.

– Muy bien. ¿Quién dice que no?

– Tú, grandísimo tonto. Dijiste que teníamos toda la energía que necesitábamos,

para siempre. Dijiste ‘para siempre’.

Esa vez le tocó a Adell oponerse.

– Tal vez podamos reconstruir las cosas algún día.

– Nunca.

– ¿Por qué no? Algún día.

– Nunca.

– Pregúntale a Multivac.

– Pregúntale tú a Multivac. Te desafío. Te apuesto cinco dólares a que no es

posible.

Adell estaba lo suficientemente borracho como para intentarlo y lo suficientemente

sobrio como para traducir los símbolos y operaciones necesarias para formular la

pregunta que, en palabras, podría haber correspondido a esto: ¿Podrá la

humanidad algún día, sin el gasto neto de energía, devolver al Sol toda su

juventud aún después que haya muerto de viejo?

O tal vez podría reducirse a una pregunta más simple, como ésta: ¿Cómo puede

disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía del universo?

Multivac enmudeció. Los lentos resplandores oscuros cesaron, los clicks distantes

de los transmisores terminaron.

Entonces, mientras los asustados técnicos sentían que ya no podían contener más

el aliento, el teletipo adjunto a la computadora cobró vida repentinamente.

Aparecieron cinco palabras impresas: DATOS INSUFICIENTES PARA

RESPUESTA ESCLARECEDORA.

– No hay apuesta -murmuró Lupov. Salieron apresuradamente.

A la mañana siguiente, los dos, con dolor de cabeza y la boca pastosa, habían

olvidado el incidente.

Jerrodd, Jerrodine y Jerrodette I y II observaban la imagen estrellada en el

visiplato mientras completaban el pasaje por el hiperespacio en un lapso fuera de

las dimensiones del tiempo. Inmediatamente, el uniforme de polvo de estrellas dio

paso al predominio de un único disco de mármol, brillante, centrado.

– Es X-23 – dijo Jerrodd con confianza. Sus manos delgadas se entrelazaron con

fuerza detrás de su espalda y los nudillos se pusieron blancos.

Las pequeñas Jerrodettes, niñas ambas, habían experimentado el pasaje por el

hiperespacio por primera vez en su vida. Contuvieron sus risas y se persiguieron

locamente alrededor de la madre, gritando:

– Hemos llegado a X-23… hemos llegado a X-23… hemos llegado a X-23… hemos

llegado…

– Tranquilas, niñas -dijo rápidamente Jerrodine-. ¿Estás seguro, Jerrodd?

– ¿De qué hay que estar seguro? -preguntó Jerrodd, echando una mirada al tubo

de metal justo debajo del techo, que ocupaba toda la longitud de la habitación y

desaparecía a través de la pared en cada extremo. Tenía la misma longitud que la

nave.

Jerrodd sabía poquísimo sobre el grueso tubo de metal excepto que se llamaba

Microvac, que uno le hacía preguntas si lo deseaba; que aunque uno no se las

hiciera de todas maneras cumplía con su tarea de conducir la nave hacia un

destino prefijado, de abastecerla de energía desde alguna de las diversas

estaciones de Energía Subgaláctica y de computar las ecuaciones para los saltos

hiperespaciales.

Jerrodd y su familia no tenían otra cosa que hacer sino esperar y vivir en los

cómodos sectores residenciales de la nave.

Cierta vez alguien le había dicho a Jerrodd, que el ‘ac’ al final de ‘Microvac’ quería

decir ‘computadora análoga’ en inglés antiguo, pero estaba a punto de olvidar

incluso eso.

Los ojos de Jerrodine estaban húmedos cuando miró el visiplato.

– No puedo evitarlo. Me siento extraña al salir de la Tierra.

– ¿Por qué, caramba? -preguntó Jerrodd-. No teníamos nada allí. En X-23

tendremos todo. No estarás sola. No serás una pionera. Ya hay un millón de

personas en ese planeta. Por Dios, nuestros bisnietos tendrán que buscar nuevos

mundos porque llegará el día en que X-23 estará superpoblado. -Luego agregó,

despues de una pausa reflexiva: – Te aseguro que es una suerte que las

computadoras hayan desarrollado viajes interestelares, considerando el ritmo al

que aumenta la raza.

– Lo sé, lo sé -respondió Jerrodine con tristeza.

Jerrodette I dijo de inmediato:

– Nuestra Microvac es la mejor Microvac del mundo.

– Eso creo yo también -repuso Jerrodd, desordenándole el pelo.

Era realmente una sensación muy agradable tener una Microvac propia y Jerrodd

estaba contento de ser parte de su generación y no de otra. En la juventud de su

padre las únicas computadoras eran unas enormes máquinas que ocupaban un

espacio de ciento cincuenta kilómetros cuadrados. Sólo había una por planeta. Se

llamaban ACs Planetarias. Durante mil años habían crecido constantemente en

tamaño y luego, de pronto, llegó el refinamiento. En lugar de transistores hubo

válvulas moleculares, de manera que hasta la AC Planetaria más grande podía

colocarse en una nave espacial y ocupar sólo la mitad del espacio disponible.

Jerrodd se sentía eufórico siempre que pensaba que su propia Microvac personal

era muchísimo más compleja que la antigua y primitiva Multivac que por primera

vez había domado al Sol, y casi tan complicada como una AC Planetaria de la

Tierra (la más grande) que por primera vez resolvió el problema del viaje

hiperespacial e hizo posibles los viajes a las estrellas. – Tantas estrellas, tantos

planetas -suspiró Jerrodine, inmersa en sus propios pensamientos-. Supongo que

las familias seguirán emigrando siempre a nuevos planetas, tal como lo hacemos

nosotros ahora.

– No siempre -respondió Jerrodd, con una sonrisa-. Todo esto terminará algún día,

pero no antes de que pasen billones de años. Muchos billones. Hasta las estrellas

se extinguen, ¿sabes? Tendrá que aumentar la entropía.

– ¿Qué es la entropía, papá? -preguntó Jerrodette II con voz aguda.

– Entropía, querida, es sólo una palabra que significa la cantidad de desgaste del

universo. Todo se desgasta, como sabrás, por ejemplo tu pequeño robot walkietalkie, ¿recuerdas?

– ¿No puedes ponerle una nueva unidad de energía, como a mi robot?

– Las estrellas son unidades de energía, querida. Una vez que se extinguen, ya no

hay más unidades de energía.

Jerrodette I lanzó un chillido de inmediato.

– No las dejes, papá. No permitas que las estrellas se extingan.

– Mira lo que has hecho -susurró Jerrodine, exasperada. – ¿Cómo podía saber que

iba a asustarla? -respondió Jerrodd también en un susurro.

– Pregúntale a la Microvac -gimió Jerrodette I-. Pregúntale cómo volver a encender

las estrellas.

– Vamos -dijo Jerrodine-. Con eso se tranquilizarán. -(Jerrodette II ya se estaba

echando a llorar, también).

Jerrodd se encogió de hombros.

– Ya está bien, queridas. Le preguntaré a Microvac. No se preocupen, ella nos lo

dirá.

Le preguntó a la Microvac, y agregó rápidamente:

– Imprimir la respuesta.

Jerrodd retiró la delgada cinta de celufilm y dijo alegremente: – Miren, la Microvac

dice que se ocupará de todo cuando llegue el momento, y que no se preocupen.

Jerrodine dijo:

– Y ahora, niñas, es hora de acostarse. Pronto estaremos en nuestro nuevo hogar.

Jerrodd leyó las palabras en el celufilm nuevamente antes de destruirlo:

DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

Se encogió de hombros y miró el visiplato. El X-23 estaba cerca.

VJ-23X de Lameth miró las negras profundidades del mapa tridimensional en

pequeña escala de la Galaxia y dijo:

– ¿No será una ridiculez que nos preocupe tanto la cuestión?

MQ-17J de Nicron sacudió la cabeza.

– Creo que no. Sabes que la Galaxia estará llena en cinco años con el actual ritmo

de expansión.

Los dos parecían jóvenes de poco más de veinte años. Ambos eran altos y de

formas perfectas.

– Sin embargo, dijo VJ-23X- me resisto a presentar un informe pesimista al

Consejo Galáctico.

– Yo no pensaría en presentar ningún otro tipo de informe. Tenemos que

inquietarlos un poco. No hay otro remedio.

VJ-23X suspiró.

– El espacio es infinito. Hay cien billones de galaxias disponibles.

– Cien billones no es infinito, y cada vez se hace menos infinito. ¡Piénsalo! Hace

veinte mil años, la humanidad resolvió por primera vez el problema de utilizar

energía estelar, y algunos siglos después se hicieron posibles los viajes

interestelares. A la humanidad le llevó un millón de años llenar un pequeño mundo

y luego sólo quince mil años llenar el resto de la Galaxia. Ahora la población se

duplica cada diez años…

VJ-23X lo interrumpió.

– Eso debemos agradecérselo a la inmnortalidad.

– Muy bien. La inmortalidad existe y debemos considerarla. Admito que esta

inmortalidad tiene su lado complicado. La galáctica AC nos ha solucionado

muchos problemas, pero al resolver el problema de evitar la vejez y la muerte,

anuló todas las otras cuestiones.

– Sin embargo no creo que desees abandonar la vida.

– En absoluto -saltó MQ-17J, y luego se suavizó de inmediato-. No todavía. No soy

tan viejo. ¿Cuántos años tienes tú?

– Doscientos veintitrés. ¿Y tú?

– Yo todavía no tengo doscientos. Pero, volvamos a lo que decía. La población se

duplica cada diez años. Una vez que se llene esta galaxia, habremos llenado otra

en diez años. Diez años más y habremos llenado dos más. Otra década, cuatro

más. En cien años, habremos llenado mil galaxias; en mil años, un millón de

galaxias. En diez mil años, todo el universo conocido. Y entonces, ¿qué?

VJ-23X dijo:

– Como problema paralelo, está el del transporte. Me pregunto cuántas unidades

de energía solar se necesitarán para trasladar galaxias de individuos de una

galaxia a la siguiente.

– Muy buena observación. La humanidad ya consume dos unidades de energía

solar por año.

– La mayor parte de esta energía se desperdicia. Al fin y al cabo, nuestra propia

galaxia sola gasta mil unidades de energía solar por año, y nosotros solamente

usamos dos de ellas.

– De acuerdo, pero aún con una eficiencia de un cien por ciento, sólo podemos

postergar el final. Nuestras necesidades energéticas crecen en progresión

geométrica, y a un ritmo mayor que nuestra población. Nos quedaremos sin

energía todavía más rápido que sin galaxias. Muy buena observación. Muy, muy

buena observación.

– Simplemente tendremos que construir nuevas estrellas con gas interestelar.

– ¿O con calor disipado? -preguntó MQ-17J, con tono sarcástico.

– Puede haber alguna forma de revertir la entropía. Tenemos que preguntárselo a

la Galáctica AC.

VJ-23X no hablaba realmente en serio, pero MQ-17J sacó su contacto AC del

bolsillo y lo colocó sobre la mesa frente a él.

– No me faltan ganas -dijo-. Es algo que la raza humana tendrá que enfrentar

algún día.

Miró sombríamente su pequeño contacto AC. Era un objeto de apenas cinco

centímetros cúbicos, nada en sí mismo, pero estaba conectado a través del

hiperespacio con la gran Galáctica AC que servía a toda la humanidad y, a su vez

era parte integral suya.

MQ-17J hizo una pausa para preguntarse si algún día, en su vida inmortal, llegaría

a ver la Galáctica AC. Era un pequeño mundo propio, una telaraña de rayos de

energía que contenía la materia dentro de la cual las oleadas de los planos medios

ocupaban el lugar de las antiguas y pesadas válvulas moleculares. Sin embargo, a

pesar de esos funcionamientos subetéreos, se sabía que la Galáctica AC tenía mil

diez metros de ancho.

Repentinamente, MQ-17J preguntó a su contacto AC:

– ¿Es posible revertir la entropía?

VJ-23X, sobresaltado, dijo de inmediato:

– Ah, mira, realmente yo no quise decir que tenías que preguntar eso.

– ¿Por qué no?

– Los dos sabemos que la entropía no puede revertirse. No puedes volver a

convertir el humo y las cenizas en un árbol.

– ¿Hay árboles en tu mundo? -preguntó MQ-17J.

El sonido de la Galáctica AC los sobresaltó y les hizo guardar silencio. Se oyó su

voz fina y hermosa en el contacto AC en el escritorio. Dijo:

DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

VJ-23X dijo:

– ¡Ves!

Entonces los dos hombres volvieron a la pregunta del informe que tenían que

hacer para el Consejo Galáctico.

La mente de Zee Prime abarcó la nueva galaxia con un leve interés en los

incontables racimos de estrellas que la poblaban. Nunca había visto eso antes.

¿Alguna vez las vería todas? Tantas estrellas, cada una con su carga de

humanidad… una carga que era casi un peso muerto. Cada vez más, la verdadera

esencia del hombre había que encontrarla allá afuera, en el espacio.

¡En las mentes, no en los cuerpos! Los cuerpos inmortales permanecían en los

planetas, suspendidos sobre los eones. A veces despertaban a una actividad

material pero eso era cada vez más raro. Pocos individuos nuevos nacían para

unirse a la multitud increíblemente poderosa, pero, ¿qué importaba? Había poco

lugar en el universo para nuevos individuos.

Zee Prime despertó de su ensoñación al encontrarse con los sutiles manojos de

otra mente.

– Soy Zee Prime. ¿Y tú?

– Soy Dee Sub Wun. ¿Tu galaxia?

– Sólo la llamamos Galaxia. ¿Y tú?

– Llamamos de la misma manera a la nuestra. Todos los hombres llaman Galaxia

a su galaxia, y nada más. ¿Por qué será?

– Porque todas las galaxias son iguales.

– No todas. En una galaxia en particular debe de haberse originado la raza

humana. Eso la hace diferente.

Zee Prime dijo:

– ¿En cuál?

– No sabría decirte. La Universal AC debe estar enterada.

– ¿Se lo preguntamos? De pronto tengo curiosidad por saberlo.

Las percepciones de Zee Prime se ampliaron hasta que las galaxias mismas se

encogieron y se convirtieron en un polvo nuevo, más difuso, sobre un fondo

mucho más grande. Tantos cientos de billones de galaxias, cada una con sus

seres inmortales, todas llevando su carga de inteligencias, con mentes que

vagaban libremente por el espacio. Y sin embargo una de ellas era única entre

todas por ser la Galaxia original. Una de ellas tenía en su pasado vago y distante,

un período en que había sido la única galaxia poblada por el hombre.

Zee Prime se consumía de curiosidad por ver esa galaxia y gritó:

– ¡Universal AC! ¿En qué galaxia se originó el hombre?

La Universal AC oyó, porque en todos los mundos tenía listos sus receptores, y

cada receptor conducía por el hiperespacio a algún punto desconocido donde la

Universal AC se mantenía independiente.

ee Prime sólo sabía de un hombre cuyos pensamientos habían penetrado a

distancia sensible de la Universal AC, y sólo informó sobre un globo brillante, de

sesenta centímetros de diámetro, difícil de ver.

– ¿Pero cómo puede ser eso toda la Universal AC? -había preguntado Zee Prime.

La mayor parte -fue la respuesta- está en el hiperespacio. No puedo imaginarme

en qué forma está allí.

Nadie podía imaginarlo, porque hacía mucho que había pasado el día- y eso Zee

Prime lo sabía- en que algún hombre tuvo parte en construir la Universal AC. Cada

Universal AC diseñaba y construía a su sucesora. Cada una, durante su existencia

de un millón de años o más, acumulaba la información necesaria como para

construir una sucesora mejor, más intrincada, más capaz en la cual dejar

sumergido y almacenado su propio acopio de información e individualidad.

La Universal AC interrumpió los pensamientos erráticos de Zee Prime, no con

palabras, sino con directivas. La mentalidad de Zee Prime fue dirigida hacia un

difuso mar de Galaxias donde una en particular se agrandaba hasta convertirse en

estrellas.

Llegó un pensamiento, infinitamente distante, pero infinitamente claro.

ÉSTA ES LA GALAXIA ORIGINAL DEL HOMBRE.

Pero era igual, al fin y al cabo, igual que cualquier otra, y Zee Prime resopló de

desilusión.

Dee Sub Wun, cuya mente había acompañado a Zee Prime, dijo de pronto:

– ¿Y una de estas estrellas es la estrella original del hombre?

La Universal AC respondió:

LA ESTRELLA ORIGINAL DEL HOMBRE SE HA HECHO NOVA. ES UNA

ENANA BLANCA.

– ¿Los hombres que la habitaban murieron? -preguntó Zee Prime, sobresaltado y

sin pensar.

La Universal AC respondió:

COMO SUCEDE EN ESTOS CASOS UN NUEVO MUNDO PARA SUS

CUERPOS FÍSICOS FUE CONSTRUIDO EN EL TIEMPO.

– Sí, por supuesto -dijo Zee Prime, pero aún así lo invadió una sensación de

pérdida. Su mente dejó de centrarse en la Galaxia original del hombre, y le

permitió volver y perderse en pequeños puntos nebulosos. No quería volver a

verla.

Dee Sub Wun dijo:

– ¿Qué sucede?

– Las estrellas están muriendo. La estrella original ha muerto.

– Todas deben morir. ¿Por qué no?

– Pero cuando toda la energía se haya agotado, nuestros cuerpos finalmente

morirán, y tú y yo con ellos.

– Llevará billones de años.

– No quiero que suceda, ni siquiera dentro de billones de años. ¡Universal AC!

¿Cómo puede evitarse que las estrellas mueran?

Dee Sub Wun dijo, divertido:

– Estás preguntando cómo podría revertirse la dirección de la entropía.

Y la Universal AC respondió:

TODAVÍA HAY DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA

ESCLARECEDORA.

Los pensamientos de Zee Prime volaron a su propia galaxia. Dejó de pensar en

Dee Sub Wun, cuyo cuerpo podría estar esperando en una galaxia a un trillón de

años luz de distancia, o en la estrella siguiente a la de Zee Prime. No importaba.

Con aire desdichado, Zee Prime comenzó a recoger hidrógeno interestelar con el

cual construir una pequeña estrella propia. Si las estrellas debían morir alguna

vez, al menos podrían construirse algunas.

El Hombre, mentalmente, era uno solo, y estaba conformado por un trillón de

trillones de cuerpos sin edad, cada uno en su lugar, cada uno descansando,

tranquilo e incorruptible, cada uno cuidado por autómatas perfectos, igualmente

incorruptibles, mientras las mentes de todos los cuerpos se fusionaban libremente

entre sí, sin distinción.

El Hombre dijo:

– El universo está muriendo.

El Hombre miró a su alrededor a las galaxias cada vez más oscuras. Las estrellas

gigantes, muy gastadoras, se habían ido hace rato, habían vuelto a lo más oscuro

de la oscuridad del pasado distante. Casi todas las estrellas eran enanas blancas,

que finalmente se desvanecían.

Se habían creado nuevas estrellas con el polvo que había entre ellas, algunas por

procesos naturales, otras por el Hombre mismo, y también se estaban apagando.

Las enanas blancas aún podían chocar entre ellas, y de las poderosas fuerzas así

liberadas se construirían nuevas estrellas, pero una sola estrella por cada mil

estrellas enanas blancas destruidas, y también éstas llegarían a su fin.

El Hombre dijo:

– Cuidadosamente administrada y bajo la dirección de la Cósmica AC, la energía

que todavía queda en todo el universo, puede durar billones de años. Pero aún así

eventualmente todo llegará a su fin. Por mejor que se la administre, por más que

se la racione, la energía gastada desaparece y no puede ser repuesta. La entropía

aumenta continuamente.

El Hombre dijo:

– ¿Es posible no revertir la entropía? Preguntémosle a la Cósmica AC.

La AC los rodeó pero no en el espacio. Ni un solo fragmento de ella estaba en el

espacio. Estaba en el hiperespacio y hecha de algo que no era materia ni energía.

La pregunta sobre su tamaño y su naturaleza ya no tenía sentido comprensible

para el Hombre.

– Cósmica AC -dijo el Hombre- ¿cómo puede revertirse la entropía?

La Cósmica AC dijo:

LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA

ESCLARECEDORA.

El Hombre ordenó: – Recoge datos adicionales.

La Cósmica AC dijo:

LO HARÉ. HACE CIENTOS DE BILLONES DE AÑOS QUE LO HAGO. MIS

PREDECESORES Y YO HEMOS ESCUCHADO MUCHAS VECES ESTA

PREGUNTA. TODOS LOS DATOS QUE TENGO SIGUEN SIENDO

INSUFICIENTES.

– ¿Llegará el momento -preguntó el Hombre- en que los datos sean suficientes o el

problema es insoluble en todas las circunstancias concebibles?

La Cósmica AC respondió:

NINGÚN PROBLEMA ES INSOLUBLE EN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS

CONCEBIBLES.

El Hombre preguntó:

– ¿Cuándo tendrás suficientes datos como para responder a la pregunta?

La Cósmica AC respondió:

LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA

ESCLARECEDORA.

– ¿Seguirás trabajando en eso? -preguntó el Hombre.

La Cósmica AC respondió:

– SÍ. El Hombre dijo:

– Esperaremos.

Las estrellas y las galaxias murieron y se convirtieron en polvo, y el espacio se

volvió negro después de tres trillones de años de desgaste.

Uno por uno, el Hombre se fusionó con la AC, cada cuerpo físico perdió su

identidad mental en forma tal que no era una pérdida sino una ganancia.

La última mente del Hombre hizo una pausa antes de la fusión, contemplando un

espacio que sólo incluía la borra de la última estrella oscura y nada aparte de esa

materia increíblemente delgada, agitada al azar por los restos de un calor que se

gastaba, asintóticamente, hasta llegar al cero absoluto.

El Hombre dijo:

– AC, ¿es éste el final? ¿Este caos no puede ser revertido al universo una vez

más? ¿Esto no puede hacerse?

AC respondió:

LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA

ESCLARECEDORA.

La última mente del Hombre se fusionó y sólo AC existió en el hiperespacio.

La materia y la energía se agotaron y con ellas el espacio y el tiempo. Hasta AC

existía solamente para la última pregunta que nunca había sido respondida desde

la época en que dos técnicos en computación medio alcoholizados, tres trillones

de años antes, formularon la pregunta en la computadora que era para AC mucho

menos de lo que para un hombre el Hombre.

Todas las otras preguntas habían sido contestadas, y hasta que esa última

pregunta fuera respondida también, AC no podría liberar su conciencia.

Todos los datos recogidos habían llegado al fin. No quedaba nada para recoger.

Pero toda la información reunida todavía tenía que ser completamente

correlacionada y unida en todas sus posibles relaciones.

Se dedicó un intervalo sin tiempo a hacer esto.

Y sucedió que AC aprendió cómo revertir la dirección de la entropía.

Pero no había ningún Hombre a quien AC pudiera dar una respuesta a la última

pregunta. No había materia. La respuesta -por demostración- se ocuparía de eso

también.

Durante otro intervalo sin tiempo, AC pensó en la mejor forma de hacerlo.

Cuidadosamente, AC organizó el programa.

La conciencia de AC abarcó todo lo que alguna vez había sido un universo y

pensó en lo que en ese momento era el caos.

Paso a paso, había que hacerlo.

Y AC dijo:

¡HÁGASE LA LUZ!

Y la luz se hizo…

 

Durante las vacaciones, el trasnochar con frecuencia parece de lo más normal… ¿Qué tanto afecta esta situación en su desarrollo físico?

¿Qué tiene de malo que me acueste a las 4:00 de la mañana y me levante al mediodía, si estoy de vacaciones? Clásica pregunta de un adolescente durante el verano, que necesita de una sólida respuesta de sus padres.
Para muchos jóvenes, el verano es sinónimo de dormir durante el día y vivir de noche. No saben cuán necesario es un sueño reponedor en esta etapa de grandes cambios, los cuales exigen que el organismo descanse. Desconocen también que no sólo deben dormir un mínimo de horas, sino que éstas deben ser nocturnas.
Mientras el recién nacido necesita 14 y hasta 17 horas de sueño y un preescolar debe dormir 9 horas, los adolescentes deberían dormir un mínimo de 10 horas, pues su organismo está sufriendo muchos cambios, tanto desde el punto de vista físico como psíquico.
Porque el sueño no es sólo para descansar y reponer fuerzas: mientras dormimos se renuevan las células del cuerpo, piel y vísceras. Asimismo, se forman defensas contra las enfermedades, como son los glóbulos blancos y, entre otras cosas, se producen las hormonas necesarias para el crecimiento. “Mientras mejor es la calidad del sueño, mejor es el mantenimiento del organismo”, señaló recientemente en una entrevista de prensa la neuropsiquiatra de niños y adolescentes, Amanda Céspedes. “Las proteínas de la inteligencia -agregó la doctora- se adosan a la membrana de cada uno de los millones de neuronas cerebrales y se sintetizan en el sueño profundo, para ser empleadas durante la vigilia todas las veces que se requiere, de un modo infinito, a través de la vida.
La falta de sueño también repercute en el carácter y el rendimiento académico de los adolescentes. Si no se duerme bien, se produce irritabilidad, mal carácter y agresividad. En cuanto al rendimiento escolar, hay estudios que demuestran la importancia que tiene dormir en forma adecuada. Uno de ellos es el que actualmente realiza el Centro Médico del Sueño de la Universidad Católica en alrededor de 100 escolares, cuyas edades fluctúan entre 8 y 15 años. “Según los resultados preliminares existe una directa relación entre problemas de sueño y alteraciones académicas”, dice el doctor Tomás Mesa, neurólogo infantil y coordinador de la sección pediátrica de dicho Centro Universitario.

¿A QUÉ HORA?
Una moda española o argentina trajo a Chile la costumbre de salir muy de noche. Muchos panoramas empiezan, como mínimo, a la una de la mañana. “¡Mamá, si mañana duermo hasta las tres de la tarde y recupero las horas de sueño!”, suelen alegar. Pero la intuición de las madres no es vana: no es lo mismo dormir de día que dormir de noche, por algo la naturaleza dispuso horas “oscuras” (especiales para invocar a Morfeo) y horas “claras”. Según el doctor Tomás Mesa, además de la cantidad de horas de sueño, es fundamental dormir de noche. Explica que el sueño y la vigilia (horas en que estamos despiertos) constituyen un ciclo indisolublemente unido: todo lo que ocurre durante ella va a tener una expresión sobre él y viceversa.
“Alrededor de 15 horas después de habernos levantado, nos da sueño porque el organismo está fatigado, nos cansamos tanto física como psíquicamente. Es importante descansar en ese momento y no prolongar artificialmente la vigilia , señala el médico.
Para el doctor Mesa, si un adolescente se acuesta a las cuatro de la mañana después de haber comido, bailado y tenido gran actividad, su sueño no va a ser el mismo que podría tener sin tanta excitación previa. “No va a tener un sueño tan calmo y reparador como el que necesita y las diferentes etapas del sueño no se lograrán como se debe”, agrega el profesional.
Dormir de noche, es decir, cuando no hay luz, no es un capricho del cuerpo. “El ciclo circadiano, el día y la noche, nos hace funcionar desde un punto de vista hormonal, y es por eso que tenemos que dormir cuando no hay luz. Hay una serie de hormonas, como la melatonina, que dejan de producirse con la aparición de la luz solar”, explica el doctor Mesa. La neuropsiquiatra infantil Amanda Céspedes señala que la melatonina ayuda a mantener el sueño durante 8 ó 10 horas, activa los procesos de síntesis de proteínas y de recambio celular, y estimula la producción de endorfinas, que son hormonas del bienestar y el afecto.
Para la profesional, si se mantienen artificialmente la vigilia y la luz, la melatonina no se produce y tampoco las endorfinas; además sobreviene el insomnio, pues la melatonina también es la que induce a dormir de noche.
A todo esto se une lo fundamentales que son desde el punto de vista fisiológico y psicológico, las horas que van desde las once de la noche a las tres de la mañana, porque en esos momentos el organismo requiere una actividad mínima, tanto de alimentación como de actividad física o mental.
Finalmente, el doctor Mesa plantea que en los ciclos circadianos la temperatura, la actividad mental y la actividad cardiaca funcionan más precariamente alrededor de la una y dos de la mañana. “Muchos accidentes se producen a estas horas porque el organismo está más débil”, concluye el neurólogo infantil.

¿NADAR CONTRA LA CORRIENTE?
Dormir de noche no sólo es importante desde el punto de vista fisiológico, sino también para tener una sana convivencia familiar. Si para los jóvenes la mañana es noche, se olvidan del deporte, se atrasa el aseo de sus piezas y llegan con dificultad al almuerzo familiar.
Los propios jóvenes reconocen que preferirían acostarse más temprano para no estar tan cansados al día siguiente y aprovecharlo mejor. Sin embargo, no quieren ser los primeros en llegar a los panoramas, aunque tengan que “hacer hora” en sus casas hasta las doce de la noche.
“Como padre creo que lo que se puede hacer es tratar de ponerse de acuerdo con los otros padres para tratar de que las fiestas no duren hasta tan tarde. Me parece que la única manera de que se acuesten más temprano es hablar con la comunidad y con nuestros hijos. Uno no puede prohibir por ley dice el doctor Mesa.
Las horas que van desde las once de la noche a las tres de la mañana son fundamentales desde un punto de vista fisiológico y psicológico, porque en esos momentos el organismo requiere una actividad mínima para producir melatonina y endomorfinas, responsables del correcto funcionamiento del cuerpo y la mente.
Dormir de noche, es decir, cuando no hay luz, no es un capricho del cuerpo. “El ciclo circadiano, el día y la noche, nos hace funcionar desde un punto de vista hormonal, y es por eso que tenemos que dormir cuando no hay luz, Hay una serie de hormonas, como la melatonina, que dejan de producirse con la aparición de la luz solar”.

¨En los años 50s los meteorólogos se dieron cuenta de que no eran capaces de predecir el tiempo para mas de 48 horas, y eso a pesar de la utilización de ordenadores cada vez mas potentes…
Las leyes atmosféricas y meteorológicas eran conocidas, pero no podían aplicarse a largo plazo: la mas mínima corriente de aire, tenia una influencia, a la larga, sobre las masas de aire atmosféricas
Había que tener en cuenta el mas mínimo movimiento de aire, aunque fuese el aleteo de una mariposa.¨

“el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo” (proverbio chino)

Aquí puedes descargar este curioso e interesante Cómic, tiene 144 paginas, pero muy pocos diálogos, y las imágenes son grandes (como la anterior)

Por ultimo, no podía faltar algo de humor:

¿Quien es Mario Bunge?

Mario Bunge (Buenos Aires, 21 de septiembre de 1919) es un físico, filósofo de la ciencia y humanista argentino; defensor del realismo científico y de la filosofía exacta. Es conocido por expresar públicamente su postura contraria a las pseudociencias, entre las que incluye al psicoanálisis, la homeopatía, la microeconomía neoclásica (u ortodoxa) y la teoría de cuerdas además de sus críticas contra corrientes filosóficas como el existencialismo, la fenomenología, el posmodernismo, la hermenéutica y el feminismo filosófico.

(Wikipedia)

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Entrevistadores: Alejandro Agostinelli, Alejandro J. Borgo, Heriberto Janosch, L. Enrique Márquez, Mariano Moldes, Benjamín Pedrotti y J. C. Torres

-En el prefacio de su libro “Seudociencia e Ideología” ud. relata que cuando era adolescente tenía en su estudio tres retratos: el de Einstein, el de Marx y el de Freud. Dice que el primero en caer fue el de Freud. Nos gustaría saber cómo, cuando y por qué cayó. ¿Fue algo paulatino?

-No, fue bastante súbito. Fueron dos experiencias. Una con un psicoanalista amigo que me hizo uno de esos psicoanálisis instantáneos: “sí, lo que pasa es que vos tenés problemas de amor y de trabajo”. Yo tenía 16 o 17 años. Al principio pensaba ¿como se habrá enterado?. Después empecé a recapacitar: “todos los adolescentes tenemos problemas de ese tipo”. Y poco después este hombre enloqueció completamente: se quería tirar de una ventana porque decía que iba a salir volando. Entonces me dije “Bueno, por lo menos a la locura el psicoanálisis no la trata”. Segundo, leí un libro de Bertrand Russell que se llamaba algo así como Introducción a la Filosofía, de 1914. Y ahí tiene un largo capítulo sobre la psicología más avanzada de aquel tiempo: la reflexología y el conductismo, que habían nacido de Pavlov por una parte y de Watson por otra. Y, como todos saben, Russell se reía del psicoanálisis. Entonces pensé “Ah! esta gente tratará de explicar las cosas de un modo materialista, recurriendo al sistema nervioso”. Eso me abrió los ojos. Y tengo que recordar un tercer motivo: en aquella época yo me consideraba marxista. Leí un libro de Reuben Osborne –quien era freudomarxista- que expresaba la combinación o síntesis entre el marxismo y el freudismo, una corriente que nació en Viena y se propagó enseguida. El libro me indignó tanto que escribí un libro en contra. Y a medida que lo iba escribiendo me iba volviendo más y más antipsicoanalítico. Antes de estas tres experiencias yo creía en el psicoanálisis, desde luego, como adolescente porteño que ve los libros de Freud en los quioscos del subterráneo a 50 centavos cada uno, al alcance de todo el pueblo, de cualquiera que sepa leer y escribir; éstas me convencieron de que el psicoanálisis no era científico. Desde entonces, no he hecho más que continuar en esta opinión. Al estudiar psicología moderna, en particular psicología fisiológica, uno se da cuenta de que Freud, entre otras cosas, adopta una posición dualista frente al problema mente-cuerpo. Posición que no es original de Freud: es tan vieja como la religión, pero él la tomó del neurólogo inglés Hughlins Jackson, quien a su vez adoptó una posición propuesta por primera vez por el gran filósofo y matemático Leibniz, quien sostenía que los procesos mentales y los procesos biológicos eran paralelos entre sí. Cada vez que uno pensaba una idea, ocurría algo en el cerebro, pero era una sincronización: la mente iba por su lado y el cerebro por el suyo. Eran paralelos. Como dos relojes independientes pero sincronizados. Es la hipótesis del paralelismo psicofísico. Y bueno, es muy insatisfactorio. No se entiende por qué diablos son sincrónicos. Tampoco se entiende por qué un cerebro con muchas circunvoluciones nos confiere alguna superioridad. Si la mente no necesitara del cerebro, nos convendría tener un cerebro chiquito, que se ocupara de regular los movimientos y la temperatura, en lugar de tener una caja craneana tan incómoda que nos obliga, entre otras cosas, a la confección de sombreros.

-¿Y por qué piensa ud. que persistió el psicoanálisis? ¿Cómo convive con la psicología moderna? ¿Por qué tuvo tanto éxito? Inclusive en el ambiente universitario, académico, entre los médicos…

-Por tres motivos, creo. Primero: Freud y sus secuaces enfocaron dos problemas que la psicología tradicional había descuidado: el problema de las emociones y el problema del sexo. Los psicólogos tradicionales se ocuparon sólo de los procesos mentales conscientes. No se ocuparon de las emociones, del afecto ni del sexo; no se podía hablar de eso siquiera, era un tabú. Entonces ¿que pasa?, cuando la ciencia no se ocupa de un tema que interesa a todo el mundo, inmediatamente vienen los charlatanes y lo acaparan. Y el segundo motivo es que es fácil. El estudio del psicoanálisis no requiere ninguna preparación previa: un chico de 16 años puede convertirse en un erudito psicoanalista simplemente leyendo, porque se trata de leer textos. No hace falta estudiar psicología experimental, neurología, ni saber matemática o biología, no hace falta saber nada. Es el facilismo. Entonces, algo que es fácil y se ocupa de asuntos realmente importantes como son la emoción y el sexo, ¿cómo no va a atraer a la gente, en particular a los jóvenes incautos?. El tercer motivo ya es comercial: para poder aplicar una terapéutica cualquiera hace falta estar entrenado, por ejemplo como médico, psiquiatra o psicólogo clínico. Hay que estudiar seriamente si uno quiere ser eficaz y honesto. Para ser psicoanalista no hace falta nada. Un psicoanalista puede practicar, puede ganarse la vida y ganársela bastante bien –por lo menos en EE.UU. y el resto de Norteamérica donde cobra 100 dólares la hora-. Puede hacerlo sin ninguna preparación previa. Esos son los motivos: que el psicoanálisis se ocupa de problemas auténticos –aunque se ocupa mal-, que es fácil y que es rentable. Los tres hicieron que el psicoanálisis se expandiera como reguero de pólvora. Pero ya terminó su ciclo. Queda solamente en los países del Tercer Mundo.

-En la Universidad de Buenos Aires más del 90% de la gente enseña psicoanálisis. Más que enseñar, se adoctrina. En primer año se ve psicoanálisis, en segundo o tercero se ve “psicopatología” que es puro Lacan. No se ve una actitud de apertura…

-Claro. “Macaneo I”, “Macaneo II”, “Macaneo III”…, y ya pueden empezar. Se lanzan sobre la población incauta y pueden ejercer una profesión.

-Y las comunidades científica y universitaria ¿qué hacen frente al psicoanálisis? ¿Lo toleran?.

-Desgraciadamente hay excesiva tolerancia para con los colegas. Pero lo que sucede en los países más avanzados es que se tolera a algún profesor que haga psicoanálisis. Por ejemplo, en mi Universidad (McGill) hay uno o a lo sumo dos miembros del departamento de psiquiatría que hacen psicoanálisis. Más no. Y los demás los toleran entre otras cosas porque carecen de las herramientas epistemológicas para demostrar que el psicoanálisis es una pseudociencia. Y también, digámoslo de frente, les falta el coraje para decirlo. En particular tratándose de psicosis, si ud. pone a un psicótico –digamos un esquizofrénico o un depresivo- en manos de un psicoanalista, ese enfermo no se va a curar y, más aún, corre peligro de terminar suicidándose o matando a otro. Esta mañana recibí una carta de un amigo con quien había perdido contacto, con el que habíamos trabajado juntos en la Universidad Obrera en los años ´40. Me contaba que su odio al psicoanálisis se debe a que tenía una hija depresiva, que se había puesto en manos de un analista. Con la palabra no se cura la depresión… Esta chica terminó pegándose un tiro, ¡su única hija!. Entonces, él no tiene un motivo puramente intelectual sino también afectivo para considerar que la práctica del psicoanálisis es delictuosa. Tolerarla es dar patente de corso a los charlatanes. A diferencia de la astrología y la parapsicología, que arruinan la manera de pensar y concebir el mundo pero –que yo sepa- no ponen en peligro la vida de nadie, el psicoanálisis es mucho más nocivo que estas creencias.

-Pero ¿no cree ud. que el psicoanálisis es la pseudociencia que, por dictarse en la Universidad, más influye sobre el estudiante?

-Sí, sí. En la Universidad argentina ¿eh?; en mi Universidad y en las demás de Norteamérica no se enseña psicoanálisis, y menos que menos psicoanálisis lacaniano. Con alguna que otra excepción, y siempre en los departamentos de psiquiatría, no en los de psicología. Está en plena decadencia. A partir de los años ´70 –o tal vez un poco antes- la cultura argentina ha sido barrida por los militares y por el irracionalismo. Es uno de los tantos componentes del esoterismo, del macaneo. ¿Cómo no va a invadir la Universidad?. La Universidad ha sido destruida en 1966 por la dictadura militar. Luego vino un intento de recuperación, después fue vuelta a destruir, y todavía no se ha recuperado. Es un escándalo que no haya epistemólogos que hagan la crítica de esta macana por falta total de preparación científica y filosófica. Hay que combinar las dos cosas.

-Una forma de ganarle terreno a los psicoanalistas sería disponer de un buen presupuesto, porque la psicobiología necesita laboratorios e instrumental, mientras que el psicoanálisis es barato para quienes lo practican.

-Por supuesto. Es más fácil escribir un artículo psicoanalítico que una contribución seria a la psicología científica. Pero en el país existen –por suerte- psicólogos biológicos; los he encontrado en Mendoza y en Rosario. En España y México, invadidos por psicoanalistst argentinos, me he encontrado con algunos. Esta gente ha invertido años en adquirir esta preparación. La psicología moderna –con laboratorios- es la única que está haciendo avances espectaculares. Por eso es que se interesan por ella muchos médicos, psiquiatras y estudiosos de las afasias, de las perturbaciones del habla y de la comprensión del habla.

-Martin Gardner, en uno de sus últimos libros, sostiene que una buena forma de aprender ciencia es viendo en qué se equivocan sus chiflados. Esa parece una frase suya. ¿De qué chiflados, de que pseudociencias cree ud. haber aprendido más?

-Del psicoanálisis, claro. Ah! también algo de la parapsicología. El motivo fue que algunos colegas físicos y matemáticos creían en la parapsicología. En la Universidad, la creencia en la parapsicología está muy difundida. Alrededor del 50% de la gente cree en la posibilidad de la telepatía, no tanto ya en la telekinesis. Para hacer la crítica uno necesita argumentos, y así lee artículos del Journal of Parapsychology, analiza los experimentos, trata de ver qué es lo que falla, y hace además una crítica psicológica, desde el punto de vista de la filosofía de la mente. Como dice Gardner, se puede aprender mucho sobre el método científico leyendo a los macaneadores. Pero yo no creo que sean chiflados de la ciencia, ni que estas creencias sean ciencias patológicas, como alguien las llamó; son simplemente no-ciencia. Ni siquiera se toman mucho trabajo para aparentar ser ciencias, cualquiera puede entenderlas. Los únicos pseudocientíficos que hacen experimentos son los parapsicólogos, del mismo modo, la única pseudociencia que se apoya en una ciencia es la astrología; son los únicos que consultan a la astronomía, los demás se valen solos. Son independientes. Justamente Freud insistía con el tema de la independencia del psicoanálisis con respecto a la neurofisiología, y Lacan aún más. Lacan quiso rescatar un proyecto de Facultad de Psicología esbozado por Freud. Los estudiantes deberían aprender literatura, mitología, y por supuesto, psicoanálisis I, II, etc. Tenían que tener cultura literaria y humanística pero ninguna cultura científica. En particular no se aprendía psicología experimental, nada que oliera a laboratorio. ¡Que contentos se pondrían al saber que su proyecto se realizó aquí, en el Tercer Mundo!

-Ud. cree que Freud tuvo desde el principio un objetivo bien determinado o más bien que la teoría psicoanalítica fue formándose un poco azarosamente, de acuerdo a las vivencias y rasgos de personalidad del propio Freud?

-Bueno, ud. conoce la carrera de Freud. Comenzó como neurólogo, siguiendo la escuela de Hughlins Jackson. Él intentó hacer algo de laboratorio y no le salió. A él –como a cualquiera- le interesaban los sueños, las psicopatologías, etc., y en ese momento la psicología científica, sobre todo la parte de las psicopatologías, estaba poco avanzada. No es que no existiese; había empezado en Francia con Paul Broca y en Alemania con Karl Wernicke. Sin embargo no eran muy populares. Ahora bien, Freud –y esto lo dice claramente Ernest Jones, su más afamado biógrafo- quería casarse, y se sabía incapaz de hacer carrera por falta de méritos científicos suficientes, siempre sería un profesor adjunto. Entonces decidió abandonar completamente la orientación científica. No solo está Jones, que es muy explícito. También se puede ver en su propia correspondencia. Aparte de ese interés material, y de la imposibilidad de hacer una carrera científica por falta de competencia, de originalidad, debe haber influido también el hecho de que Freud era cocainómano, Necesitaba la droga y se daba cuenta de que no podía alcanzar la lucidez sin ella, y eso, a una persona que ha recibido entrenamiento médico –Freud lo tuvo en la Escuela de Medicina de Viena, que junto con las de Berlín y de París eran las más prestigiosas de Europa- debe haberlo preocupado bastante, quitándole confianza ante la posibilidad de hacer ciencia en serio. Pero además estaba su interés auténtico por los problemas afectivos, la sexualidad, las emociones. A fines del siglo 19 hay en él una auténtica conversión. El hombre abandona totalmente el camino científico y se desbarranca.

-Es como ud. decía en una conferencia: “donde hay un vacío, ese vacío se llena con basura”. Sería el caso de toda esta pseudopsicología…

-Sí, sí. No el caso de Lacan, que no enfocó ni un solo problema científico en su vida. Pero es así en general, sobre todo a nivel popular.

-Pero ¿podemos decir que hay un vacío a nivel psicoterapéutico en las corrientes psicológicas que tratan de enfocar científicamente su campo de interés?

-Lo había hasta que nació la terapia de la conducta, que se ocupa de los casos tratables por medios sencillos, sin drogas. Lo hubo en el caso de la depresión y la esquizofrenia hasta 1955, cuando por primera vez se descubrieron neurolépticos eficaces. Es cierto que tienen efectos secundarios muy desagradables de tipo dermatológico y pérdida de memoria, aunque no una pérdida definitiva. También es verdad que tales dolencias no se pueden curar definitivamente, pero sabemos controlarlas. Por ejemplo, un íntimo amigo mío, investigador de primera línea, es maníaco-depresivo. Se controla con esas drogas. Cuando está en el período maníaco, o sea ascendente, es de una productividad increíble. Después tiene depresiones, pero controladas; jamás tiene las que lo afectaban antes de comenzar a tratarse con las sales de litio. Yo lo he visto en sus depresiones antes del tratamiento. ¡Estaba totalmente destrozado!. Parecía un chico autista, encerrado en sí mismo, sin querer ver ni oír nada, desconfiando de todo el mundo –hasta de sus amigos y de su mujer-. Pero ahora está controlado: produce, va al laboratorio todos los días, escribe –y no pavadas- sobre cosas importantísimas. Hoy día se puede llevar una vida casi normal con problemas depresivos que, no tratados, probablemente llevarían al suicidio. Una sobrina mía es un caso parecido; una poetisa brillante. Al principio la trataba un psicoanalista y, por supuesto, ella iba de mal en peor. No sólo dejó de escribir sino que se escapaba de la casa y tenía unos episodios espantosos. Ahora está controlada, felizmente. Pero hay mucho por hacer todavía, no hay suficiente gente ocupándose de estas cosas y hay demasiada creyendo que la magia de la palabra puede suplir a las drogas, porque ignora que, entre otras cosas, el cerebro es un sistema químico. Basta cambiar la química del cerebro para modificar la forma de sentir o incluso de pensar. Y en realidad todos nosotros tenemos experiencias en ese sentido. Cuando estamos adormilados tomamos una taza de café; hay una droga llamada cafeína que nos da lucidez. Por eso no tendría que ser tan difícil de comprender.

-Esto es una grave objeción al dualismo, el cual sin embargo persiste.

-Persiste entre otras cosas porque estamos atados a la religión, porque tenemos resabios de una filosofía anticuada. Todavía la mayor parte de los cursos de psicología no son cursos de psicología biológica. El estudio de lo mental no se encara desde una perspectiva biológica.

-En su libro “El problema mente-cerebro”, ud. hace una crítica a la postura de que los predicados mentalistas no son reductibles a predicados neurofisiológicos. Está claro que su concepción de la mente es la de una colección de procesos cerebrales. ¿Qué me dice de Russell cuando afirma que esos predicados son sintéticos y no analizables?

-Sí, pero tenga en cuenta que Russell escribió esto en 1921, cuando casi toda la psicología fisiológica que había trataba sobre el problema de la percepción. Se ha avanzado muchísimo en estos tres cuartos de siglo. Le voy a dar un ejemplo. Ud. puede decir que Fulano está hablando. Una manera neurofisiológica de decirlo es afirmar “las áreas de Wernicke y de Broca de Fulano están activas”. Otra: “Fulano está viendo”, es como decir “la corteza estriada de Fulano está activa en este momento”. A primera vista pareciera que no tienen nada que ver. Eso ocurre porque no nos hemos acostumbrado. Es como si un dualista le dijese a un físico que el predicado brillante no tiene nada que ver con los que intervienen en la teoría del estado sólido, que analizan el proceso de reflexión de un rayo luminoso por los átomos que componen la superficie del objeto brillante, y sin embargo es la misma cosa. Los primeros en darse cuenta de que podemos deducir o definir los predicados que usamos para describir nuestras percepciones en términos de predicados que definen cosas invisibles fueron los atomistas griegos. Claro que ellos no tenían toda la teoría que ahora tenemos. Hoy se puede. El paso que la física dio en este siglo (XX), tendrá que hacerlo la psicología en el próximo.

-¿Puede decirse que en ese sentido el programa de la psicología fisiológica es la reducción de los predicados mentales fenomenistas a predicados neurofisiológicos?

-Sí. Y requiere de teorías, difíciles, que están en proceso de construirse. Pero los obstáculos no son inherentes a la materia sino a la formación de los psicólogos. No suelen tener una buena formación biológica, y menos aún matemática. Entonces, los que se dedican a la psicología matemática, al no tener una buena formación biológica, se contentan con hacer teorías –por ejemplo del aprendizaje- que no tienen ninguna relación con el llamado sustrato neurofisiológico. La ley de Thorndike sobre el aprendizaje puede enunciarse sin recurrir a consideraciones psicobiológicas. La ley es correcta, pero queremos entenderla en términos de refuerzo de conexiones neuronales. Entonces lo que se necesita es un Hebb con cultura matemática. La formación inicial de Hebb fue literaria. Una vez yo le pregunté “Por qué le tiene rabia a la matemática, o a los modelos matemáticos”, y me contestó: “No, ese es un defecto personal mío. Yo de adolescente soñaba con escribir novelas, incluso escribí una. Yo no le tengo rabia a la matemática, es que no sé”, “¿Y no habrá un segundo motivo?” continué yo, “como los modelos que hoy hay son en su mayoría conductistas y por lo tanto superficiales, no llegan al meollo de la cuestión””… Ahí Hebb estuvo de acuerdo conmigo. Yo creo que hay que imponer, no un proyecto de Facultad de Psicología, sino cambiar los planes de estudio en esa carrera, e incluir una buena formación biológica y matemática.

-Volviendo al psicoanálisis, el Dr. Klimovsky, sin ser un defensor del psicoanálisis, propone considerarlo como una protociencia antes que como una pseudociencia, y esperar que los psicoanalistas sistematicen la teoría psicoanalítica para convertirla así en científica. ¿Ud. opina que no hay nada rescatable en el psicoanálisis?

-No, no hay nada rescatable. Lo que pasa es que Klimovsky es un matemático, y él tiene la visión de la ciencia que es común a los matemáticos. Creo entender que su posición es la de que si se axiomatizara y se formalizara correctamente el psicoanálisis, ya se convertiría en ciencia. En mi libro La investigación científica desarrollé un contraejemplo; doy allí una “Axiomática de los fantasmas”, una teoría matemática de los fantasmas. Matemáticamente es correcta… ¡pero los fantasmas no existen!. La matematización es necesaria para hacer avanzar una ciencia más allá de cierto límite, para aumentar la precisión y la profundidad, pero no es imprescindible para hacer ciencia, y menos aún suficiente. Se puede macanear matemáticamente. La matemática no nos da más que formas; si ud. llena las formas con basura, sigue siendo basura. Si en vez de descartar la basura la pone en un paquete lindo, con un moño rosa, sigue siendo basura. Yo estoy en desacuerdo con el Dr. Klimovsky; el psicoanálisis no es científico, es una pseudociencia. Hace dos tipos de afirmaciones gratuitas: las comprobables y las no comprobables. Las no comprobables son no científicas desde el vamos. Las comprobables se dividen a su vez en dos grupos: las que nunca fueron puestas a prueba – y aún así son sostenidas por los psicoanalistas- , y las que sí lo fueron y resultaron ser falsas. Estas últimas ¡nunca fueron ensayadas por psicoanalistas, quienes jamás se anduvieron tomando ese tipo de molestias!. Entonces, el carácter pseudocientífico del psicoanálisis es evidente. En cuanto a que el Dr. Klimovsky no defiende el psicoanálisis, cabe destacar que hace 30 años –por lo menos- que viene haciéndole propaganda.

-Como miembro del CSICOP, ud. habrá observado que cuentan con un psicoanalista entre sus consultores, y además la revista –The Skeptical Inquirer- nunca ha tocado el tema del psicoanálisis. ¿Habló de eso con Paul Kurtz alguna vez?

-Sí. Lo que ellos quieren hacer es una especie de frente único contra la parapsicología, la ufología, etc. Ese es un error de omisión; yo los acompaño en la medida en que estoy de acuerdo con ellos en otros respectos. Pero tenga en cuenta también que The Skeptical Inquirer no publica artículos psicoanalíticos, que ya es algo.

-Lo que sí hubo fueron críticas salpicadas, como la de Terence Hines. Pero si alguien lo quisiera abordar ¿usted cree que habría censura?

-Yo no creo. Una vez publicaron algo que les mandé y allí mencionaba al psicoanálisis como una pseudociencia.

-Tal vez ese descuido se deba a que el psicoanálisis allí no es un fenómeno tan extendido como aquí, y preocupa más el tema de la creencia en los fenómenos psi.

-Sí, en efecto. Las otras supersticiones son mucho más populares. Tengamos en cuenta que la mitad de la población universitaria, por lo menos en el caso de los estudiantes, cree en la realidad de los fenómenos parapsicológicos.

-Una nota del diario Clarín habla de un estudio según el cual 3 de cada 4 adolescentes en lo EE.UU. creen en los ángeles.

-¡Pero siempre llegan tarde los ángeles! (Risas). Son como los detectives de las películas: cuando ellos llegan han matado a media docena de personas, y a menudo siguen siendo asesinadas mientras ellos investigan. Tal vez será que no están informatizados, los ángeles.

-Volviendo al psicoanálisis, ¿conoció ud. la obra del Dr. Georg Friedrich Nicolai?. Fue uno de los primeros en atacarlo en su obra “Análisis del psicoanálisis”.

-No leí el libro pero sí sé del Dr. Nicolai. Fue uno de los cuatro científicos que firmó un manifiesto en contra de la Primera Guerra Mundial y por eso se tuvo que ir de Alemania…
-Para terminar, se nos dice frecuentemente que al exigir una postura científica somos cerrados, negativistas, que no somos abiertos…

-(Interrumpe)¡¡Y está bien!!… (Risas). Somos cerrados. No somos abiertos a la basura. Eso es lo que están diciendo ustedes: “No consumimos basura. Somos muy cerrados”

Fuente: El Ojo Escéptico, órgano de la Fundación CAIRP

Algunas obras de Mario Bunge para descargar en PDF (muy recomendado):

Cien ideas (2006) (Colección de artículos periodísticos)

La ciencia, su método y su filosofía (1997), &  Ser, Saber, Hacer (2002)

Vivimos en la era de la información, dicen, cierto es que, ante los avances tecnológicos sin precedentes de las ultimas décadas, quien no está informado, es porque no quiere. Quienes usamos twitter, por ejemplo, tenemos claro que nos encontramos ante una avalancha informativa y el fenómeno suma y sigue, pero si tomamos el termino desde una perspectiva mas científica, ¿es esta es una cuestión exclusiva de nuestra era, o de la humanidad o de los seres vivos en general? .
La información existe en todos los rincones del universo con algún atisbo de organización, desde el mismo momento del big bang, pero solo ahora nos hemos dado cuenta de ello y aprendido a medirla.
La revolución de las tecnologías de la información y la comunicación, no se puede concebir sin la teoría de la información, publicada en 1949 por Claude Shannon, ingeniero y matemático de los Laboratorios Bell, en nueva york, y Warren Weaver también matemático y por aquel entonces director de la división de ciencias naturales de la fundación Rockerfeller en la misma cuidad.
La teoría surge de la necesidad de transmitir datos de un modo eficaz, rápido y seguro, en un momento en el que los avances de las disciplinas como la cibernética, la informática o las telecomunicaciones iban a la par.
Shannon y Weaver desarrollaron una metodología que permite medir la cantidad de información contenida en cualquier mensaje . La información se convirtió en ese momento en magnitud física y como tal, gozaría de una unidad fundamental para medirla, el bit, que ofrece dos alternativas contrapuestas: uno-cero, si-no- verdadero-falso, presencia-ausencia, lleno-vacío, on- off

La informacion de un bit:

El bit es la unidad mas pequeña de información, algo que proporciona un bit de información, como un interruptor, se puede encontrar en dos estados complementarios: encendido o apagado

Dos interruptores proporcionan  dos bits y cuatro estados posibles

Un tercer bit duplica las posibilidades a ocho

El byte utilizado en informatica contiene 8 bits y contempla 256 estados. Para el almacenamiento, procesado y transmicion de datos en informatica, a cada uno de esos estados se le asigna un caracter (una letra, un numero, o un simbolo)

1 Byte= 8 bits = 256 estados (2⁸ )

Pero ¿que es la información?

La idea de información se basa en analizar cuan probable es un mensaje un cierto numero de alternativas. Veamos un ejemplo de como se puede medir la información de esta forma. Imaginemos que estamos jugando al ¨ahorcado¨. El jugador menos aventajado es al que le toca la primera letra. Esto es debido a que, al comienzo, el termino que hay que desvelar se baraja entre un amplio abanico que incluyen todas las palabras del diccionario que tengan el mismo numero de letras. pero con cada letra que se acierta, los jugadores tienen algo mas de información sobre la cual basar su próxima jugada, por lo tanto existe mas probabilidad de dar con el termino ¨escondido¨, ya que hay menos posibilidades para elegir. Así la información ayuda a reducir la incertidumbre y a tomar decisiones ; proporciona conocimientos del presente para actuar en el futuro.
Científicos de diferentes disciplinas, como las neurociencias, la lógica, la lingüística o la biología molecular han trasladado la teoría a sus respectivas áreas de estudio. Una de las claves del éxito del método reside en su simplicidad, puesto que el calculo de la información se reduce a un problema de probabilidades no muy complicado. La información promedio de un mensaje se determina a partir de la probabilidad de que cada elemento que lo compone, sea elegido entre un conjunto de alternativas. Siguiendo con el ejemplo de ahorcado el mensaje seria la palabra que queremos encontrar, las letras los elementos que lo componen y el conjunto de alternativas posibles el abecedario. Pero lo que ha favorecido el uso de este modelo en otros ámbitos ha sido sobre todo, que permite estimar los bits de información de un mensaje con independencia de su significado, una libertad semántica con la que se ha dado rienda suelta al concepto de información para extrapolarlo a otros terrenos.

Todo lo que contiene orden contiene información

Cuantificar los bits que contiene cualquier cosa es factible. Tras su definición científica, la información ha sido interpretada como una medida de la complejidad de los sistemas físicos. Para el biólogo Tom Stonier, Autor de La información y la estructura interna del universo (Hacer, 1996), esta magnitud ¨estᨠintrínsecamente relacionada con la organización de un determinado sistema y se puede describir como la causa eficiente del estado de organización de este¨. Así, algo compuesto de elementos variopintos, con relaciones enrevesadas entre ellos, guarda mas información que un conjunto de cosas monótonas y simples.
Por ejemplo, en la década de los 60s, el ecologo Ramon Margalef uso el índice de Shannon-Weaver para estudiar la biodiversidad de los ecosistemas. Aquellos mas diversos , con numerosas especies representadas equitativamente, son los que contienen mayor cantidad de información. Para el ecologo ¨la información se expresa por un mecanismo y almacenar la información, significa incrementar la complejidad de este¨. Dicho de otra forma, los seres vivos y sus relaciones han ganado y almacenado información a medida que se han ido volviendo mas complejos a lo largo de los millones de años de evolución.

La información ayuda a reducir la incertidumbre y a tomar decisiones

El largo camino hacia lo sofisticado

El desarrollo de la computación tras la teoría de la información ha posibilitado a los ordenadores almacenar y procesar mas y mas bits en menos espacio. Seth Lloyd, investigador del Massachussets Institute of Technology (MIT) señala que ¨cada año y medio el tamaño los componentes informáticos se reduce a la mitad¨. El científico asegura que como resultado de este fenómeno, en los ordenadores actuales, los procesadores  pueden procesar cientos de miles de millones de bits por segundo, cantidad equiparable a la de nuestro cerebro.
Sin embargo, a pesar del ritmo frenético con que avanza la informática, la computación o las telecomunicaciones, los ingenieros aun no han logrado hacer que las maquinas gestionen los bits de un modo tan eficiente como lo hace la materia gris.
Lloyd señala que un ordenador se vuelve mas rápido en cuanto a capacidad de procesamiento, pero esto no se traduce en una mayor sofisticacion. Un animal sencillo como puede ser la babosa marina equipada con un cerebro de unos pocos millones de neuronas, es capaz de desempeñar todas las funciones complejas propias de su biología: se nutre , se reproduce, se desplaza, se defiende… Esta es la sofisticacion a la que se refiere el experto del MIT. En este sentido, apuesta que todavía faltan miles (o millones) de años para que los ordenadores procesen información de un modo tan sofisticado como lo hacen las neuronas. En cambio el cerebro animal es proceso evolutivo que ha durado un par de eones, durante los cuales el sistema se ha ido depurando, mientras que el cerebro de nuestras maquinas apenas cumple 60 años de mejoras.

La Vida es información

Y no solo el sistema nervioso procesa información en la naturaleza, todas las células cuentan también con sus microprocesadores. El ADN almacena información que la maquinaria celular se encarga de procesar e interpretar para fabricar proteínas, los componentes funcionales y estructurales de la célula . La vida se fundamenta en el ADN y por lo tanto, en el procesamiento de los bits almacenados en dicha molécula. Por lo tanto la evolución de los seres vivos encuentra su raíz en el hecho de que la información va cambiando, mutando, con el paso de las generaciones. Asimismo, las células comparten datos con el resto del organismo al cual pertenecen, los procesan y actúan según el tipo de estimulo que reciban del otro lado de su membrana.
El ADN, como cualquier otra molécula se compone de átomos que guardan una relación y un orden. Es por este motivo por el que contienen información. Pero es que incluso la historia se repite en los niveles de organización inferiores, puesto que los átomos están formados por piezas aun menores agrupadas también de acuerdo con un orden. En el mundo no vivo, moléculas, átomos y partículas subatomicas también almacenan y procesan información.
En realidad, hace unos 13.700 millones de años, tras aquella gran explosión, el primer rudimento de universo empezó ya a procesar información. La enorme densidad de las partículas y la colosal temperatura la que estas estaban sometidas en el momento del Big Bang provocaron un numero infinito de coaliciones, cada una de las cuales registraba bits de información en constante crecimiento, al mismo ritmo que la materia se fue creando y el orden se fue imponiendo. El universo donde vivimos no es mas que una gran computadora que registra y procesa información. ¨Billones de billones de billones de billones de billones de billones de bits de información¨ apunta Lloyd

10 minutos en un restaurante y 15 para volver a llamar a quien no contestó. Eso es lo máximo que hoy están dispuestos a esperar los chilenos. Una encuesta de la Universidad de Talca revela cómo hemos perdido la paciencia y qué situaciones son las que más nos irritan.

 

La alerta la dio ese oficinista estresado que destrozaba teclado y monitor en el comercial de un relajante natural, algunos años atrás. Esa fue la primera vez que discutimos sobre lo impacientes que nos estaba poniendo el trabajo y la vida rápida, pero el golpe de gracia vino hace poco, con un joven que reclamaba su hamburguesa a-ho-ra, sin importar que fueran las ocho de la mañana en un local de comida rápida. Tanto circuló el video por internet, que incluso una compañía telefónica usó la frase para publicitarse. La popularidad que alcanzan anécdotas como esta hace pensar que nos estamos identificando cada vez más con la irritabilidad a flor de piel, y puede que estemos en lo cierto. Resulta que, según una encuesta del Centro de Estudios de Opinión Ciudadana-U. de Talca, los chilenos están perdiendo la paciencia y se están volviendo incapaces de acciones tan básicas como esperar más de un minuto para que se cargue una página en internet o 15 minutos para que alguien les devuelva una llamada telefónica.

La encuesta, conducida por la investigadora Marcela Castro, reveló algo que sólo sospechábamos cada vez que un amigo se enojaba porque llegábamos con cinco minutos de retraso a un compromiso: vivimos demasiado rápido. Por ejemplo, la vieja costumbre de llegar a un restaurante, conversar y tomarse el tiempo necesario para elegir lo mejor del menú se está convirtiendo en algo derechamente sepultado en el recuerdo, pues para el 47,6% de los chilenos, 10 minutos son el límite aceptable antes de demostrar su molestia porque no les han tomado la orden. Pero la cosa podría ser peor, como en Inglaterra, donde, según una encuesta a más de dos mil personas, la desesperación por la comida empieza sólo ocho minutos y 38 segundos después de haber hecho el pedido.

Todos nos damos cuenta de nuestro ritmo vertiginoso. Es por eso que un aplastante 94,3% de los encuestados cree que los chilenos somos más impacientes que antes, un fenómeno que, según los especialistas, obedece a diferentes motivos, siendo uno de los más importantes el acostumbramiento a las nuevas tecnologías y la inmediatez de internet. Esto es claro para el decano de Sicología de la UAI, Jorge Sanhueza, quien asegura que es posible pensar que las personas más impacientes son “aquellas relacionadas con una sociedad que va rápido en el conocimiento, en el acceso a la información. La gente conectada a internet es la que está más relacionada con la inmediatez”. Y, señala, como la conexión ininterrumpida ya no es privilegio de unos pocos, sino que se ha transformado en un “mal necesario” para la sociedad, la tendencia es que todos terminemos acostumbrados a la instantaneidad en cualquiera de sus formas.

Quizás por esto, en países aún más tecnologizados, como Inglaterra, las personas viven incluso más de prisa y no esperan más de 10 minutos a un amigo con el que pretendían juntarse ni en el teléfono más de cinco, señala su encuesta.

Según el especialista, esta sensación de tener a todos nuestros amigos, familiares y conocidos al alcance del celular, o al mundo entero frente a nosotros con tan sólo encender el computador, nos ha dado una sensación de control que tememos perder. “En la medida en que tienes más control, esperas tener todo a la mano. Si quieres hablar con alguien, esperas que te conteste de inmediato.” Y eso es evidente en las cifras chilenas, ya que un 64,8% de las personas espera sólo 15 minutos o menos antes de volver a llamar a alguien que necesita localizar y que no le ha contestado la primera vez. Los ingleses, por su parte, confiesan no esperar una llamada de vuelta por más de 13 minutos y 16 segundos antes de perder la paciencia.

Y esta debilidad por la velocidad ha hecho que incluso comencemos a olvidar la cortesía. Ya pasaron los tiempos de apurarse para no llegar tarde a ver a los amigos o pagar las cuentas. De hecho, hoy a la gente le cuesta mucho comprender que un banco esté cerrado a las dos de la tarde o que haya trámites que sólo se puedan hacer dentro de ciertos horarios.

Esto, en opinión de Sanhueza, se debe a la dinámica de internet, que nos ha acostumbrado a que las cuentas se pueden pagar a las 12 de la noche o a que siempre habrá un ejecutivo telefónico dispuesto a escuchar nuestros reclamos.

Pero las cuentas no son lo único, porque si hoy no estamos siendo amables con las personas que nos prestan servicios, la cosa no va mucho mejor con los amigos. Podría ser más o menos comprensible que un 53,8% de las personas se irrite si la o el cajero es demasiado lento, pero ciertamente llama la atención que un 51,2% de los encuestados pierda los estribos con las historias demasiado lentas de sus amigos y les pida que vayan al grano y que terminen pronto.

Sin embargo, a pesar de este clima, que podría redundar en un altercado tras otro, los chilenos no explicitamos, como tantas otras emociones, nuestra impaciencia. Esto se demuestra en que, cuando se les pregunta a las personas si han sido violentas al volante o si han insultado a otras personas por algo, el menor porcentaje declara haber incurrido en acciones que pudieran considerarse físicamente hostiles, como tocarle la bocina al conductor de al lado o tener un encontrón con las cajeras del supermercado. Pero esto cambia radicalmente cuando se le pregunta a las personas si han sentido ganas de pegarle a alguien en el último mes, ya que un 60% reconoce haber querido solucionar los problemas a golpes.

Sanhueza señala que esto hace evidente que, a pesar de que hoy somos más impacientes, no somos expresivos emocionalmente. “Eso es bien caractereológico, pues los chilenos seguimos teniendo un carácter nacional poco expresivo, sobre todo en lo que se refiere a las emociones de signo negativo, que no hemos manifestado nunca. Estamos perdiendo la paciencia, pero no lo estamos expresando todavía, y probablemente por eso haya más úlceras, más trastornos digestivos, algo más de estrés”.

El doctor en Sociología y académico de la Universidad Central, Carlos Livacic, cree que hay otro factor responsable de estos resultados: el cambio de las aspiraciones de los chilenos. El especialista asegura que “tenemos una dinámica aspiracional desde la perspectiva de los estilos de vida. Quieres vivir y vivir muy bien, lo que te obliga a estar en más de un frente, por lo que los períodos de tiempo libre están muy acotados, muy restringidos. Eso nos obliga a estar demasiado atentos a situaciones puntuales y la intolerancia se va acumulando”.

Las mujeres y la falta de tiempo

Según esta encuesta y en contra de lo que pudiera pensarse, por el carácter más agresivo que se suele asociar a los hombres, son las mujeres las que pierden la paciencia con mayor facilidad. Por ejemplo, a la hora de enfrentar a una cajera o cajero particularmente lento en el supermercado, el 53% de las mujeres se irrita, versus el 49% de los hombres que cae en la desesperación. Algo similar ocurre cuando se está esperando a la pareja para salir a alguna parte, momento en que el 33% de las mujeres se pasea impacientemente por la casa, en comparación con el 30% de los hombres que tomaría esa actitud.

Según los especialistas, esto tiene que ver con algo que las mismas mujeres, mucho más que los hombres, declararon en esta encuesta: sienten que la impaciencia es el resultado de la falta de tiempo.

Para Sanhueza, esto se explica por los roles de cada uno y la doble y hasta triple, según el especialista, jornada laboral de la mujer. “Cuando la mujer está más sobredemandada por su condición de género, eso indudablemente la afecta más en la impaciencia, porque tiene más roles que cumplir y, por lo tanto, tiene menos tiempo disponible”.

Con esta idea concuerda Carlos Livacic, que señala que para todos es claro que la carga no es la misma para hombres y mujeres, y que esto puede ir de la mano con la automedicación más alta en ellas, que deben hacer frente a más situaciones de estrés cotidianas.
Via | Latercera.com