10 minutos en un restaurante y 15 para volver a llamar a quien no contestó. Eso es lo máximo que hoy están dispuestos a esperar los chilenos. Una encuesta de la Universidad de Talca revela cómo hemos perdido la paciencia y qué situaciones son las que más nos irritan.

 

La alerta la dio ese oficinista estresado que destrozaba teclado y monitor en el comercial de un relajante natural, algunos años atrás. Esa fue la primera vez que discutimos sobre lo impacientes que nos estaba poniendo el trabajo y la vida rápida, pero el golpe de gracia vino hace poco, con un joven que reclamaba su hamburguesa a-ho-ra, sin importar que fueran las ocho de la mañana en un local de comida rápida. Tanto circuló el video por internet, que incluso una compañía telefónica usó la frase para publicitarse. La popularidad que alcanzan anécdotas como esta hace pensar que nos estamos identificando cada vez más con la irritabilidad a flor de piel, y puede que estemos en lo cierto. Resulta que, según una encuesta del Centro de Estudios de Opinión Ciudadana-U. de Talca, los chilenos están perdiendo la paciencia y se están volviendo incapaces de acciones tan básicas como esperar más de un minuto para que se cargue una página en internet o 15 minutos para que alguien les devuelva una llamada telefónica.

La encuesta, conducida por la investigadora Marcela Castro, reveló algo que sólo sospechábamos cada vez que un amigo se enojaba porque llegábamos con cinco minutos de retraso a un compromiso: vivimos demasiado rápido. Por ejemplo, la vieja costumbre de llegar a un restaurante, conversar y tomarse el tiempo necesario para elegir lo mejor del menú se está convirtiendo en algo derechamente sepultado en el recuerdo, pues para el 47,6% de los chilenos, 10 minutos son el límite aceptable antes de demostrar su molestia porque no les han tomado la orden. Pero la cosa podría ser peor, como en Inglaterra, donde, según una encuesta a más de dos mil personas, la desesperación por la comida empieza sólo ocho minutos y 38 segundos después de haber hecho el pedido.

Todos nos damos cuenta de nuestro ritmo vertiginoso. Es por eso que un aplastante 94,3% de los encuestados cree que los chilenos somos más impacientes que antes, un fenómeno que, según los especialistas, obedece a diferentes motivos, siendo uno de los más importantes el acostumbramiento a las nuevas tecnologías y la inmediatez de internet. Esto es claro para el decano de Sicología de la UAI, Jorge Sanhueza, quien asegura que es posible pensar que las personas más impacientes son “aquellas relacionadas con una sociedad que va rápido en el conocimiento, en el acceso a la información. La gente conectada a internet es la que está más relacionada con la inmediatez”. Y, señala, como la conexión ininterrumpida ya no es privilegio de unos pocos, sino que se ha transformado en un “mal necesario” para la sociedad, la tendencia es que todos terminemos acostumbrados a la instantaneidad en cualquiera de sus formas.

Quizás por esto, en países aún más tecnologizados, como Inglaterra, las personas viven incluso más de prisa y no esperan más de 10 minutos a un amigo con el que pretendían juntarse ni en el teléfono más de cinco, señala su encuesta.

Según el especialista, esta sensación de tener a todos nuestros amigos, familiares y conocidos al alcance del celular, o al mundo entero frente a nosotros con tan sólo encender el computador, nos ha dado una sensación de control que tememos perder. “En la medida en que tienes más control, esperas tener todo a la mano. Si quieres hablar con alguien, esperas que te conteste de inmediato.” Y eso es evidente en las cifras chilenas, ya que un 64,8% de las personas espera sólo 15 minutos o menos antes de volver a llamar a alguien que necesita localizar y que no le ha contestado la primera vez. Los ingleses, por su parte, confiesan no esperar una llamada de vuelta por más de 13 minutos y 16 segundos antes de perder la paciencia.

Y esta debilidad por la velocidad ha hecho que incluso comencemos a olvidar la cortesía. Ya pasaron los tiempos de apurarse para no llegar tarde a ver a los amigos o pagar las cuentas. De hecho, hoy a la gente le cuesta mucho comprender que un banco esté cerrado a las dos de la tarde o que haya trámites que sólo se puedan hacer dentro de ciertos horarios.

Esto, en opinión de Sanhueza, se debe a la dinámica de internet, que nos ha acostumbrado a que las cuentas se pueden pagar a las 12 de la noche o a que siempre habrá un ejecutivo telefónico dispuesto a escuchar nuestros reclamos.

Pero las cuentas no son lo único, porque si hoy no estamos siendo amables con las personas que nos prestan servicios, la cosa no va mucho mejor con los amigos. Podría ser más o menos comprensible que un 53,8% de las personas se irrite si la o el cajero es demasiado lento, pero ciertamente llama la atención que un 51,2% de los encuestados pierda los estribos con las historias demasiado lentas de sus amigos y les pida que vayan al grano y que terminen pronto.

Sin embargo, a pesar de este clima, que podría redundar en un altercado tras otro, los chilenos no explicitamos, como tantas otras emociones, nuestra impaciencia. Esto se demuestra en que, cuando se les pregunta a las personas si han sido violentas al volante o si han insultado a otras personas por algo, el menor porcentaje declara haber incurrido en acciones que pudieran considerarse físicamente hostiles, como tocarle la bocina al conductor de al lado o tener un encontrón con las cajeras del supermercado. Pero esto cambia radicalmente cuando se le pregunta a las personas si han sentido ganas de pegarle a alguien en el último mes, ya que un 60% reconoce haber querido solucionar los problemas a golpes.

Sanhueza señala que esto hace evidente que, a pesar de que hoy somos más impacientes, no somos expresivos emocionalmente. “Eso es bien caractereológico, pues los chilenos seguimos teniendo un carácter nacional poco expresivo, sobre todo en lo que se refiere a las emociones de signo negativo, que no hemos manifestado nunca. Estamos perdiendo la paciencia, pero no lo estamos expresando todavía, y probablemente por eso haya más úlceras, más trastornos digestivos, algo más de estrés”.

El doctor en Sociología y académico de la Universidad Central, Carlos Livacic, cree que hay otro factor responsable de estos resultados: el cambio de las aspiraciones de los chilenos. El especialista asegura que “tenemos una dinámica aspiracional desde la perspectiva de los estilos de vida. Quieres vivir y vivir muy bien, lo que te obliga a estar en más de un frente, por lo que los períodos de tiempo libre están muy acotados, muy restringidos. Eso nos obliga a estar demasiado atentos a situaciones puntuales y la intolerancia se va acumulando”.

Las mujeres y la falta de tiempo

Según esta encuesta y en contra de lo que pudiera pensarse, por el carácter más agresivo que se suele asociar a los hombres, son las mujeres las que pierden la paciencia con mayor facilidad. Por ejemplo, a la hora de enfrentar a una cajera o cajero particularmente lento en el supermercado, el 53% de las mujeres se irrita, versus el 49% de los hombres que cae en la desesperación. Algo similar ocurre cuando se está esperando a la pareja para salir a alguna parte, momento en que el 33% de las mujeres se pasea impacientemente por la casa, en comparación con el 30% de los hombres que tomaría esa actitud.

Según los especialistas, esto tiene que ver con algo que las mismas mujeres, mucho más que los hombres, declararon en esta encuesta: sienten que la impaciencia es el resultado de la falta de tiempo.

Para Sanhueza, esto se explica por los roles de cada uno y la doble y hasta triple, según el especialista, jornada laboral de la mujer. “Cuando la mujer está más sobredemandada por su condición de género, eso indudablemente la afecta más en la impaciencia, porque tiene más roles que cumplir y, por lo tanto, tiene menos tiempo disponible”.

Con esta idea concuerda Carlos Livacic, que señala que para todos es claro que la carga no es la misma para hombres y mujeres, y que esto puede ir de la mano con la automedicación más alta en ellas, que deben hacer frente a más situaciones de estrés cotidianas.
Via | Latercera.com