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Fragmento:

                 El protagonista  del film es un dramaturgo llamado Caden Cotard,  cuyo propósito es el de crear una obra de teatro absoluta y omnicomprensiva, que capture la vida en  su verdad más profunda y dolorosa: «No aceptaré  nada que no sea la brutal verdad. Brutal. Brutal»

Sin embargo, Caden entra en crisis al no poder poner en  escena la verdad, pues ésta se escapa siempre de la  representación. El lenguaje deviene insuficiente y no  hay modo humano de expresarla. Asimismo, Caden  no se abandona a la ficción hasta el último momento: la lucha contra ella se traslada al plano vital y Caden  no cede hasta que no puede dar más de sí, hasta que las  fuerzas de la representación terminan por destruirlo.

No se trata, para Caden, de representar la «Realidad», sino de ir más allá; lo que se expone aquí es una continuación de la vida en el teatro:  «Ese vano sueño de ser, no de actuar sino de ser»

Sin embargo, el conflicto nace de  la imposibilidad de hallar dicho intervalo. Romper  el texto no es una tarea fácil. Las máscaras revelan más de lo que esconden y entre el ser y el parecer se  desprende una grieta: ¿qué hay detrás de la máscara? Un rostro vacío que es imposible capturar, pues detrás  de cada muro hay siempre uno más, preparado para defendernos del impacto contra la nada, «hórrido  abismo, inmenso/donde precipitando todo se olvida».  Existe una única realidad y  es incoherente, confusa y no tiene sentido. Ante esta dolorosa experiencia de la vida, el hombre no hace más que edificar muros para defenderse de ella. Pero, apilados uno encima de otro, los muros se han elevado de tal manera que nos impiden ver lo que hay detrás y ya ni siquiera somos capaces de identificar el umbral.

A pesar de todo, Caden no desiste y, en busca de dicho umbral, no cesa de derrumbar muros, pero la caída de cada muro no implica un acercamiento a la verdad, sino la aparición de un posterior subnivel ficcional y, tras éste, uno más, conformando una infinita espiral de relatos de cuya sutura la verdad siempre se escapa. De este modo, la obra teatral se expande y deviene cada vez más grande, con infinitas tramas y personajes que se entremezclan por los distintos niveles narrativos. Caden empieza a incluir actores que interpretan a los mismos actores, cámaras que no sólo graban la escena, sino que además forman parte de ella. Escenifica, pues, un teatro dentro del teatro, que acabará convirtiéndose en un teatro del teatro del teatro y así sucesivamente. Teatro y vida acaban fundiéndose y confundiéndose, y la obra se transforma en algo más grande que la vida misma

Caden es incapaz de ejercer un control sobre su propia creación, sobre el texto que no deja de reescribirse continuamente. La ficción y la puesta en escena se revelan más poderosas que la realidad: ellas son las que dan las pautas a Caden de cómo llevar a cabo su obra, de cómo vivir su propia vida, para revelar al final el profundo vacío de su existencia: «Tendré a alguien que me interprete, que cave en las tenebrosas, cobardes profundidades de mi solitaria, jodida existencia. Y también tomará notas, y estas notas se corresponderán con las notas que verdaderamente recibo cada día de mi Dios».

La incapacidad de dominar la ficción se  extiende necesariamente al mismo «yo», que pierde  el atributo de unidad, descubriéndose a sí mismo, en palabras de Luigi Pirandello, «uno, nessuno e centomila».

Caden, tratando de trascender los límites intrínsecos  de su subjetividad, de su «jodida existencia», acaba descentrándose y diluyéndose en todas las vidas con las que ha entrado y entra en contacto continuamente. Delimitar un personaje principal sobre el que fundar la obra ya no tiene sentido, pues, ante el voluble marco de narrativas que configuran la realidad, lo que llamamos «una vida», o «nuestra vida», no es más que un concepto, una laguna, una ficción que no se puede definir ni considerar sin tener en cuenta los infinitos accidentes que la rodean. La desaparición del centro estratégico impide establecer un proceso de identificación del espectador con los personajes; diferenciar la realidad de la ficción, la vida del teatro, deviene entonces imposible. «Ahora sé cómo hacerlo», afirma Caden, «hay casi trece millones de personas en el mundo. Quiero decir, ¿puedes imaginarte toda esa gente? Y ninguna de esas personas es un extra. Todos son protagonistas de sus propias historias. Y se les tiene que dar lo que se les debe». Toda especificación pierde importancia, pues, más allá de toda barrera «todos son todos».

¿Cómo poner fin a la ficción que nunca cesa? ¿Dónde se halla el umbral que separa la vida de la ficción, la vida de la muerte? El final, más allá de toda representación, lo impone la vida misma, y es en este punto donde la ficción y la obra, la creación y el creador se juntan, combatientes en una misma lucha. Y, sin embargo, no podemos escapar del final, siempre hay una última palabra, un último gesto, un telón preparado para clausurarlo todo. Luchar contra la vida significa también luchar contra la muerte, pero la única verdad es que nunca ganaremos la batalla: la muerte siempre está presente, brillando como un ojo en la noche que siempre, siempre nos devuelve la mirada. Todo tiene un fin, y quizás la obra de Caden no sea otra cosa que un intento fallido de trascender dicha finitud. «Todos nos precipitamos hacia la muerte.

De momento todavía estamos aquí, vivos. Cada uno de nosotros sabiendo que va a morir, cada uno de nosotros creyendo secretamente que no lo hará»Éste es el fin de la historia, de su historia: Caden Cotard muere tras recorrer el escenario abandonado y en ruinas de su obra, a la vez que comprende que después de la muerte no hay nada. Que somos seres transitorios destinados al olvido, que no hay nadie mirándonos y que nunca lo hubo. El profundo objetivo de Caden era en realidad simple: capturar un instante de la realidad para así poderlo revivir eternamente. De este modo, toda creación se convierte  en un instrumento para escapar de la muerte. Y es ahí donde radica todo el problema, pues la vida no se puede capturar; en el preciso momento en que la ponemos en escena, ésta se pierde y se convierte en otra cosa. No hay traducción posible. La vida es algo que nos atraviesa sin más. Lo único que nos queda es vivirla y aceptar que, tras nosotros, ésta seguirá avanzando, empujada por el inexorable paso del tiempo que todo lo destruye. Tras el fuego: ceniza, tan leve que basta un golpe de viento para diluirla en el abismo del olvido, donde permanecen todas las promesas incumplidas, todas las palabras nunca dichas. Y, sin embargo, nos quedaron tantas cosas por decir, tantas cosas por hacer.

La obra no hace eterno al creador. La obra persiste más allá de él y, tras la muerte, sólo ésta permanece, como un monstruo encerrado en un cajón al que nada le importamos. Romper el texto, demoler todos los muros,  que no hacen más que edificar una realidad ficticia, para al fin descubrirse solo, con las manos vacías y tendidas hacia el aire, dueño de una única certeza: «Nunca sabré. Ésta es la verdad», murmura Caden poco antes de morir. Crear es descender por nuestras pasiones y miedos más profundos, es destruirnos a nosotros mismos, para descubrir al final que nadie nos acompañará por los campos, que «el final se encuentra en el principio» y no podemos hacer más que retornar a nosotros mismos, a la página en blanco, al brutal y demoledor silencio, que sólo el eco de nuestro grito nos devuelve.

Fuente: revistaperiplo.com

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                  En lo que al Sentido de la vida, el universo y todo lo demás respecta , lo más probable es que todo geek -que se precie de tal- alguna vez se enfrentó a la inquisitiva duda. Lo segundo más probable -tratándose de un geek- es que la respuesta automática a dicha pregunta  sea Cuarenta y dos.

Esta breve respuesta numérica es la que ofrece Douglas Adams en su célebre saga de ciencia ficción The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy ( Guía del viajero -a dedo- intergaláctico o THGTG), la cual la podríamos definir como una parodia de ciencia ficcón, en la cual Douglas Adams se burla del estilo de habla  académico, llenándolo con argumentaciones lógicas que generalmente llevan a absurdos, lo que desde luego es muy propio del humor Non Sequitur  Británico.

En el primero de los cinco volúmenes, Douglas Adams narra lo siguiente:

     Hace millones de años, una raza de seres hiperinteligentes y Pandimensionales, cansados del constante partoleo  filosófico sobre el significado de la vida le encargaron a dos de sus mejores científicos construir una “estupenda supercomputadora” para calcular la respuesta de la vida el universo y todo lo demás, a la cual llamaron “Deep Thought” (pensamiento profundo), esta computadora era tan inteligente que antes de siquiera encenderla ya había llegado a la conclusión “Pienso, luego existo” de Descartes y  calculado en milisegundos la trayectoria de todas las partículas de polvo de una tormenta de arena cinco semanas antes de que ocurriera. Luego de calcular durante 7 millones y medios de años dio como respuesta 42, ante  la incredulidad e indignación de los representantes de la especie, Deep Thought explica que la respuesta es sin duda verdadera, el problema es sus creadores de partida no conocían “la pregunta final de la vida el universo y todo lo demás”, y tampoco se habían molestado en descubrirla, para descubrirla Deep Thought propone construir una nueva computadora, la cual será tan compleja que su su hardware tendrá seres orgánicos, los cuales la llamarán: La tierra.

¿Que tiene que ver Wittgenstein aquí?

Ludwig Josef Johann Wittgenstein fue un filósofo, ingeniero, lingüista y lógico austríaco cuyo pensamiento dio origen a toda una corriente filosófica en el sigo XX: La filosofía analitica. Su único libro publicado en vida, el Tractatus lógico-philosophicus, se compone por muchos enunciados cortos (tweets LOL), los cuales sin embargo tienen un profundo y complejo significado lógico. El Tractatus  influyó en gran medida a los positivistas lógicos del Círculo de Viena.

La conexión entre “THGTG” y Wittgenstein la encontramos en su posición con respecto a las fronteras del lenguaje, y los limites del conocimiento:

 Para una respuesta que no se puede expresar, la pregunta tampoco puede expresarse.
No hay enigma.
Si se puede plantear una cuestión, también se puede responder. (Tractatus, 6.5 )

Si la computadora es tan inteligente como parece, lo más probable es que en realidad ni siquiera haya entendido la pregunta, en este sentido la respuesta de Deep Thought (42) es sumamente elegante,  ya  que la lógica formal también busca resolver cuestiones filosoficas por medio de números, y las computadoras también funcionan como sistemas formales de lógica, con esta respuesta Deep Thought deja en evidencia que ni siquiera la raza alienigena  era capaz de formular la pregunta, por eso la respuesta carece de total sentido.

A diferencia de los primeros filósofos  Wittgenstein dice que en ultima instancia los problemas  de la vida no pueden ser resueltos únicamente por la ciencia o la filosofía, dando mayor énfasis a las ciencias naturales, la lógica y el lenguaje. Según Wittgenstein no existen problemas filosóficos propiamente tal,  sino que hay problemas del lenguaje, ya que al ser este una herramienta, existen tantos juegos del lenguaje como utilizaciones posibles, Wittgenstein dijo una vez que si hubiese tenido mejor sentido del humor habría escrito su pensamiento con puros chistes, ya que en un chiste se ve como una misma palabra puede tener dos significados , al estar inserta en dos juegos del lenguaje simultáneamente.

Sin embargo esto no significa negar o restarle importancia a los problemas de la vida, solo demuestra lo poco que se gana “solucionándolos” filosóficamente, ya que no se pueden abordar por medio del lenguaje,  el filósofo solo puede “subir por una escalera”, observar , y luego dejar todo como estaba al principio: Botar la escalera.

Para Wittgenstein, de existir un un sentido final para todo lo que existe, estaría fuera del lenguaje, en el tercer volumen de “THGTG” el protagonista se encuentra con un ser de otro universo, el cual dice conocer la pregunta, pero que le falta la respuesta, el problema es que dada la naturaleza de la pregunta es imposible formularla en este universo. Según Wittgenstein “los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo”, por lo que sólo podríamos decir cosas sobre el mundo como un todo, si pudiésemos salir fuera del mundo, es decir. Si dejase de ser para nosotros el mundo.

 “El sentido del mundo debe quedar fuera del mundo. En el mundo todo es como es y sucede como sucede: en él no hay ningún valor, y aunque lo hubiese no tendría ningún valor.
Si hay un valor que tenga valor, debe quedar fuera de todo lo que ocurre y de todo ser-así. Pues todo lo que ocurre y todo ser-así son casuales.
Lo que lo hace no casual no puede quedar en el mundo, pues de otro modo sería a su vez casual.
Debe quedar fuera del mundo”. (Tractatus 6.41)

Por otro lado Wittgenstein dice que “La solución del problema de la vida está en la desaparición de este problema” (Tractatus 6.521), lo que concuerda con la solución que da “Deep Thought”, ya que al crear la tierra el problema se desvanecerá como consecuencia del  proceso propio de la vida, esta misma circularidad se evidencia cuando Adams dice:

“Hay una teoría que afirma que si alguien descubriera lo que es exactamente el universo y el porqué de su existencia, desaparecería al instante y sería sustituido por algo aún más extraño e inexplicable. Hay otra teoría que afirma que eso ya ha ocurrido” (The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy)

Finalmente pareciera que tanto para Wittgenstein como para Adams la ciencia, la lógica y la filosofía deberían terminar donde termina el lenguaje, pero de hecho ¡la vida misma no lo hace!

  • Descargas:

Libros: 5 volumenes (en español)

Tractatus Lógico-filosófico (Wittgenstein 1921) (español)

Película: DvdRip audio latino (2005)  Ver OnlineDescargar en Avi

Serie radial:  En inglés

Comic: En Inglés

Fuentes: TerceraCultura,PhilosophyNow, e internet.

Nota:  Si desea  que le envíe la  película directamente por dropbox puede solicitarlo a  abr.caro@gmail.com o en mi twitter @psicologeek.

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Hoy una especie de sabiduría agnóstica, oriental, de la nueva era, o usualmente alguna clase de falso Taoísmo o Budismo se está convirtiendo en la forma predominante de ideología. ¿Cómo funciona este Budismo? ¿Por qué es la ideología ideal para el capitalismo tardío?

El mensaje fundamental [de esta nueva corriente] es “no persigas el éxito material, no participes en el juego social por entero, hazlo con distancia.” Ustedes saben cómo son usualmente los posters de propaganda de los cursos budistas. Hay un primer párrafo anticapitalista: “No te dejes atrapar en esta lucha por lo material, retírate a la paz, etc., etc.”. Pero el segundo párrafo siempre es “de esta manera vas a ser aún más exitoso en los negocios”.

La visión es que el funcionamiento de nuestra vida capitalista de todos los días es tan frenética, tan alocada, que para sobrevivir necesitas tomarlo como si fuera un juego, no un compromiso real, porque si estás demasiado comprometido te vuelves loco. Creo que el funcionamiento de la ideología es, en este punto, fetichista. ¿Qué significa el fetichismo en este contexto? Los fetichistas no son idiotas, son realistas. Un fetichista es alguien que, aferrándose a su fetiche, puede soportar la realidad tal como es.

Déjenme contarles una historia, que es real, le sucedió a un amigo mío recientemente, cómo hizo para sobrevivir a la muerte de su esposa. Fue la trágica historia frecuente, él estaba felizmente casado, la esposa fue al doctor, de pronto le dijeron “tienes cáncer de mama” y murió en tres meses. Pero la gran sorpresa para sus amigos fue descubrir cómo después de la muerte de su esposa, este tipo podía hablar bastante fría, normalmente, aún de los más dolorosos momentos de la muerte de su esposa. No teníamos que simular, que evitar el tema traumático, era absolutamente normal, él podía hablar sobre todo. Entonces nos preguntamos, “¿Pero este tipo es un monstruo o qué? ¿Cómo puede tratar tan fríamente la muerte de su esposa?”.

Pronto descubrimos el secreto. Es tan simple y ridículo que sólo porque es verdad puedo contarlo seriamente y creerlo. Nos dimos cuenta que siempre que hablaba de su mujer, de los momentos más dolorosos de su muerte, él jugaba en su regazo, con sus manos, con un pequeño hámster, la mascota de su mujer; y que este hámster era su fetiche. Funcionaba como una especie de negación simbólica de lo que estaba diciendo. Él era capaz de admitir racionalmente la muerte de su esposa, pero con el hámster bloqueaba la verdad contenida en su aceptación de esta muerte. Ustedes se preguntarán si esto es una especie de análisis salvaje muy primitivo, y cómo podemos saber que realmente esto era así. Desafortunadamente tengo la prueba, como saben, los hámsters viven por muy poco tiempo: medio año después de la muerte del hámster, el tipo se quebró y debió ser hospitalizado por un intento de suicidio.

Así es como creo que sobrevivimos hoy a la realidad capitalista, podemos ser muy realistas, actuar con crueldad, no tener ilusiones sobre la vida social, pero cuando encontramos a alguien que dice “No tengo ninguna ilusión, puedo aceptar la vida tal como es, cruel, sin ideales”, háganle una simple pregunta: ¿Dónde está tu hámster?

Mi idea es que este budismo occidental es un hámster gordo y grande. Puedes participar completamente en el salvaje juego capitalista mientras tu entrenamiento y tu meditación y demás te dan la ilusión de que esa no es la vida real, sólo estas jugando el juego social, en realidad estás en cualquier otro lado.

Creo que ni siquiera podemos decir que esto es sólo una falsificación occidental, que la verdadera sabiduría oriental es algo totalmente diferente. Recientemente leí un libro maravilloso de un autor llamado Brian Victoria, Zen y guerra, que demuestra que en los 30s y 40s, con la excepción de algunos disidentes, las autoridades budistas zen japonesas apoyaron completamente al militarismo imperial japonés […] Pero lo interesante es cómo los budistas justificaron al militarismo. Un nivel fue la justificación teleológica usual, que también conocemos en occidente, “a veces tienes que hacer un mal menor por el mayor bien, no deberíamos matar, pero matemos un poquito para prevenir una gran matanza”. Pero la legitimación clave fue mucho más interesante y siniestra: la idea era que la obediencia militar absoluta e incondicional, la ejecución inmediata de órdenes, era la vía directa de la mayoría de la gente para conseguir la iluminación espiritual. Porque la idea era que el oro del esclarecimiento budista, la superación del falso “sí mismo” (self), se logra a través de la disciplina militar perfecta, donde uno se convierte en una máquina, sólo ejecuta órdenes, te sobrepones a ti mismo.

Déjenme evitar un malentendido, no estoy diciendo que esto significa que el budismo zen es una falsedad, un falsedad militar secreta. Afirmo que lo mismo puede decirse de los grandes místicos de Europa occidental. Si miran de cerca a muchas de las grandes figuras místicas descubrirán que también eran políticamente activas y extremadamente crueles. Mi conclusión es simplemente que aún el esclarecimiento místico y espiritual más auténtico es éticamente neutral.

No hay nada que nos prevenga de cometer los peores crímenes. Déjenme contarles un extraño hecho que pienso que es aquí profundamente indicativo. ¿Saben cuál era el libro favorito de Himmler, el jefe de la SS de Hitler? Era un libro encuadernado en un cuero especial que llevaba todo el tiempo en su bolsillo: el Bhagavad-Gítá. La idea es que así es como un soldado nazi debe cometer sus asesinatos, con una distancia interior, sin participar en ello.

Ahora, para concluir realmente, pienso que por lo que debemos esforzarnos no es en las hipocresías religiosas, no las religiones si no su utilización hipócrita. Necesitamos una lógica diferente de compromiso colectivo, de compromiso ético. ¿Dónde encontramos esto? ¿Cuál es la solución? Me encantaría desarrollarlo, pero me piden que termine. Muchas gracias.

 

 


De la serie “Filosofía: una guía para la felicidad”, de Alain de Botton

¿Somos libres cuando decidimos? ¿Qué margen tiene el libre albedrío ahora que la neurociencia desvela cada vez más el gran poder del inconsciente? Ya hay máquinas para ver cómo decide el cerebro y los primeros resultados muestran que, antes de entrar en la conciencia, muchas decisiones ya están tomadas por complejas redes cerebrales. Desde Berlín, John-Dylan Haynes nos habla  en Redes de sus experimentos para descifrar la actividad cerebral que se esconde detrás de nuestros estados mentales.

La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de

2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en

luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha

entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta manera:

Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de Multivac.

Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que pasaba detrás del

rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso -kilómetros y kilómetros de

rostro- de la gigantesca computadora. Al menos tenían una vaga noción del plan

general de circuitos y retransmirores que desde hacía mucho tiempo habían

superado toda posibilidad de ser dominados por una sola persona.

Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque nada que fuera

humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez suficiente o siquiera con la

eficacia suficiente. De manera que Adell y Lupov atendían al monstruoso gigante

sólo en forma ligera y superficial, pero lo hacían tan bien como podría hacerlo

cualquier otro hombre. La alimentaban con información, adaptaban las preguntas

a sus necesidades y traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y

todos los demás asistentes tenían pleno derecho a compartir la gloria de Multivac.

Durante décadas, Multivac ayudó a diseñar naves y a trazar las trayectorias que

permitieron al hombre llegar a la Luna, a Marte y a Venus, pero después de eso,

los pobres recursos de la Tierra ya no pudieron serles de utilidad a las naves. Se

necesitaba demasiada energía para los viajes largos y pese a que la Tierra

explotaba su carbón y uranio con creciente eficacia había una cantidad limitada de

ambos.

Pero lentamente, Multivac aprendió lo suficiente como para responder a las

preguntas más complejas en forma más profunda, y el 14 de mayo de 2061 lo que

hasta ese momento era teoría se convirtió en realidad.

La energía del Sol fue almacenada, modificada y utilizada directamente en todo el

planeta. Cesó en todas partes el hábito de quemar carbón y fisionar uranio y toda

la Tierra se conectó con una pequeña estación -de un kilómetro y medio de

diámetro- que circundaba el planeta a mitad de distancia de la Luna, para

funcionar con rayos invisibles de energía solar.

Siete días no habían alcanzado para empañar la gloria del acontecimiento, y Adell

y Lupov finalmente lograron escapar de la celebración pública, para refugiarse

donde nadie pensaría en buscarlos: en las desiertas cámaras subterráneas, donde

se veían partes del poderoso cuerpo enterrado de Multivac. Sin asistentes, ociosa,

clasificando datos con clicks satisfechos y perezosos, Multivac también se había

ganado sus vacaciones y los asistentes la respetaban y originalmente no tenían

intención de perturbarla.

Se habían llevado una botella, y su única preocupación en ese momento era

relajarse y disfrutar de la bebida.

– Es asombroso, cuando uno lo piensa -dijo Adell. En su rostro ancho se veían

huellas de cansancio, y removió lentamente la bebida con una varilla de vidrio,

observando el movimiento de los cubos de hielo en su interior. – Toda la energía

que podremos usar de ahora en adelante, gratis. Suficiente energía, si

quisiéramos emplearla, como para derretir a toda la Tierra y convertirla en una

enorme gota de hierro líquido impuro, y no echar de menos la energía empleada.

Toda la energía que podremos usar por siempre y siempre y siempre.

Lupov ladeó la cabeza. Tenía el hábito de hacerlo cuando quería oponerse a lo

que oía, y en ese momento quería oponerse; en parte porque había tenido que

llevar el hielo y los vasos.

– No para siempre -dijo.

– Ah, vamos, prácticamente para siempre. Hasta que el Sol se apague, Bert.

– Entonces no es para siempre.

– Muy bien, entonces. Durante miles de millones de años. Veinte mil millones, tal

vez. ¿Estás satisfecho?

Lupov se pasó los dedos por los escasos cabellos como para asegurarse de que

todavía le quedaban algunos y tomó un pequeño sorbo de su bebida.

– Veinte mil millones de años no es ‘para siempre’.

– Bien, pero superará nuestra época ¿verdad?

– También la superarán el carbón y el uranio.

– De acuerdo, pero ahora podemos conectar cada nave espacial individualmente

con la Estación Solar, y hacer que vaya y regrese de Plutón un millón de veces sin

que tengamos que preocuparnos por el combustible. No puedes hacer eso con

carbón y uranio. Pregúntale a Multivac, si no me crees.

– No necesito preguntarle a Multivac. Lo sé. – Entonces deja de quitarle méritos a

lo que Multivac ha hecho por nosotros -dijo Adell, malhumorado-. Se portó muy

bien.

– ¿Quién dice que no? Lo que yo sostengo es que el Sol no durará eternamente.

Eso es todo lo que digo. Estamos a salvo por veinte mil millones de años, pero ¿y

luego? -Lupov apuntó con un dedo tembloroso al otro. – Y no me digas que nos

conectaremos con otro Sol.

Durante un rato hubo silencio. Adell se llevaba la copa a los labios sólo de vez en

cuando, y los ojos de Lupov se cerraron lentamente. Descansaron.

De pronto Lupov abrió los ojos.

– Piensas que nos conectaremos con otro Sol cuando el nuestro muera, ¿verdad?

– No estoy pensando nada.

– Seguro que estás pensando. Eres malo en lógica, ése es tu problema. Eres

como ese tipo del cuento a quien lo soprendió un chaparrón, corrió a refugiarse en

un monte y se paró bajo un árbol. No se preocupaba porque pensaba que cuando

un árbol estuviera totalmente mojado, simplemente iría a guarecerse bajo otro.

– Entiendo -dijo Adell-, no grites. Cuando el Sol muera, las otras estrellas habrán

muerto también.

– Por supuesto -murmuró Lupov-. Todo comenzó con la explosión cósmica original,

fuera lo que fuese, y todo terminará cuando todas las estrellas se extingan.

Algunas se agotan antes que otras. Por Dios, los gigantes no durarán cien

millones de años. El Sol durará veinte mil millones de años y tal vez las enanas

durarán cien mil millones por mejores que sean. Pero en un trillón de años

estaremos a oscuras. La entropía tiene que incrementarse al máximo, eso es todo.

– Sé todo lo que hay que saber sobre la entropía -dijo Adell, tocado en su amor

propio.

– ¡Qué vas a saber!

– Sé tanto como tú.

– Entonces sabes que todo se extinguirá algún día.

– Muy bien. ¿Quién dice que no?

– Tú, grandísimo tonto. Dijiste que teníamos toda la energía que necesitábamos,

para siempre. Dijiste ‘para siempre’.

Esa vez le tocó a Adell oponerse.

– Tal vez podamos reconstruir las cosas algún día.

– Nunca.

– ¿Por qué no? Algún día.

– Nunca.

– Pregúntale a Multivac.

– Pregúntale tú a Multivac. Te desafío. Te apuesto cinco dólares a que no es

posible.

Adell estaba lo suficientemente borracho como para intentarlo y lo suficientemente

sobrio como para traducir los símbolos y operaciones necesarias para formular la

pregunta que, en palabras, podría haber correspondido a esto: ¿Podrá la

humanidad algún día, sin el gasto neto de energía, devolver al Sol toda su

juventud aún después que haya muerto de viejo?

O tal vez podría reducirse a una pregunta más simple, como ésta: ¿Cómo puede

disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía del universo?

Multivac enmudeció. Los lentos resplandores oscuros cesaron, los clicks distantes

de los transmisores terminaron.

Entonces, mientras los asustados técnicos sentían que ya no podían contener más

el aliento, el teletipo adjunto a la computadora cobró vida repentinamente.

Aparecieron cinco palabras impresas: DATOS INSUFICIENTES PARA

RESPUESTA ESCLARECEDORA.

– No hay apuesta -murmuró Lupov. Salieron apresuradamente.

A la mañana siguiente, los dos, con dolor de cabeza y la boca pastosa, habían

olvidado el incidente.

Jerrodd, Jerrodine y Jerrodette I y II observaban la imagen estrellada en el

visiplato mientras completaban el pasaje por el hiperespacio en un lapso fuera de

las dimensiones del tiempo. Inmediatamente, el uniforme de polvo de estrellas dio

paso al predominio de un único disco de mármol, brillante, centrado.

– Es X-23 – dijo Jerrodd con confianza. Sus manos delgadas se entrelazaron con

fuerza detrás de su espalda y los nudillos se pusieron blancos.

Las pequeñas Jerrodettes, niñas ambas, habían experimentado el pasaje por el

hiperespacio por primera vez en su vida. Contuvieron sus risas y se persiguieron

locamente alrededor de la madre, gritando:

– Hemos llegado a X-23… hemos llegado a X-23… hemos llegado a X-23… hemos

llegado…

– Tranquilas, niñas -dijo rápidamente Jerrodine-. ¿Estás seguro, Jerrodd?

– ¿De qué hay que estar seguro? -preguntó Jerrodd, echando una mirada al tubo

de metal justo debajo del techo, que ocupaba toda la longitud de la habitación y

desaparecía a través de la pared en cada extremo. Tenía la misma longitud que la

nave.

Jerrodd sabía poquísimo sobre el grueso tubo de metal excepto que se llamaba

Microvac, que uno le hacía preguntas si lo deseaba; que aunque uno no se las

hiciera de todas maneras cumplía con su tarea de conducir la nave hacia un

destino prefijado, de abastecerla de energía desde alguna de las diversas

estaciones de Energía Subgaláctica y de computar las ecuaciones para los saltos

hiperespaciales.

Jerrodd y su familia no tenían otra cosa que hacer sino esperar y vivir en los

cómodos sectores residenciales de la nave.

Cierta vez alguien le había dicho a Jerrodd, que el ‘ac’ al final de ‘Microvac’ quería

decir ‘computadora análoga’ en inglés antiguo, pero estaba a punto de olvidar

incluso eso.

Los ojos de Jerrodine estaban húmedos cuando miró el visiplato.

– No puedo evitarlo. Me siento extraña al salir de la Tierra.

– ¿Por qué, caramba? -preguntó Jerrodd-. No teníamos nada allí. En X-23

tendremos todo. No estarás sola. No serás una pionera. Ya hay un millón de

personas en ese planeta. Por Dios, nuestros bisnietos tendrán que buscar nuevos

mundos porque llegará el día en que X-23 estará superpoblado. -Luego agregó,

despues de una pausa reflexiva: – Te aseguro que es una suerte que las

computadoras hayan desarrollado viajes interestelares, considerando el ritmo al

que aumenta la raza.

– Lo sé, lo sé -respondió Jerrodine con tristeza.

Jerrodette I dijo de inmediato:

– Nuestra Microvac es la mejor Microvac del mundo.

– Eso creo yo también -repuso Jerrodd, desordenándole el pelo.

Era realmente una sensación muy agradable tener una Microvac propia y Jerrodd

estaba contento de ser parte de su generación y no de otra. En la juventud de su

padre las únicas computadoras eran unas enormes máquinas que ocupaban un

espacio de ciento cincuenta kilómetros cuadrados. Sólo había una por planeta. Se

llamaban ACs Planetarias. Durante mil años habían crecido constantemente en

tamaño y luego, de pronto, llegó el refinamiento. En lugar de transistores hubo

válvulas moleculares, de manera que hasta la AC Planetaria más grande podía

colocarse en una nave espacial y ocupar sólo la mitad del espacio disponible.

Jerrodd se sentía eufórico siempre que pensaba que su propia Microvac personal

era muchísimo más compleja que la antigua y primitiva Multivac que por primera

vez había domado al Sol, y casi tan complicada como una AC Planetaria de la

Tierra (la más grande) que por primera vez resolvió el problema del viaje

hiperespacial e hizo posibles los viajes a las estrellas. – Tantas estrellas, tantos

planetas -suspiró Jerrodine, inmersa en sus propios pensamientos-. Supongo que

las familias seguirán emigrando siempre a nuevos planetas, tal como lo hacemos

nosotros ahora.

– No siempre -respondió Jerrodd, con una sonrisa-. Todo esto terminará algún día,

pero no antes de que pasen billones de años. Muchos billones. Hasta las estrellas

se extinguen, ¿sabes? Tendrá que aumentar la entropía.

– ¿Qué es la entropía, papá? -preguntó Jerrodette II con voz aguda.

– Entropía, querida, es sólo una palabra que significa la cantidad de desgaste del

universo. Todo se desgasta, como sabrás, por ejemplo tu pequeño robot walkietalkie, ¿recuerdas?

– ¿No puedes ponerle una nueva unidad de energía, como a mi robot?

– Las estrellas son unidades de energía, querida. Una vez que se extinguen, ya no

hay más unidades de energía.

Jerrodette I lanzó un chillido de inmediato.

– No las dejes, papá. No permitas que las estrellas se extingan.

– Mira lo que has hecho -susurró Jerrodine, exasperada. – ¿Cómo podía saber que

iba a asustarla? -respondió Jerrodd también en un susurro.

– Pregúntale a la Microvac -gimió Jerrodette I-. Pregúntale cómo volver a encender

las estrellas.

– Vamos -dijo Jerrodine-. Con eso se tranquilizarán. -(Jerrodette II ya se estaba

echando a llorar, también).

Jerrodd se encogió de hombros.

– Ya está bien, queridas. Le preguntaré a Microvac. No se preocupen, ella nos lo

dirá.

Le preguntó a la Microvac, y agregó rápidamente:

– Imprimir la respuesta.

Jerrodd retiró la delgada cinta de celufilm y dijo alegremente: – Miren, la Microvac

dice que se ocupará de todo cuando llegue el momento, y que no se preocupen.

Jerrodine dijo:

– Y ahora, niñas, es hora de acostarse. Pronto estaremos en nuestro nuevo hogar.

Jerrodd leyó las palabras en el celufilm nuevamente antes de destruirlo:

DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

Se encogió de hombros y miró el visiplato. El X-23 estaba cerca.

VJ-23X de Lameth miró las negras profundidades del mapa tridimensional en

pequeña escala de la Galaxia y dijo:

– ¿No será una ridiculez que nos preocupe tanto la cuestión?

MQ-17J de Nicron sacudió la cabeza.

– Creo que no. Sabes que la Galaxia estará llena en cinco años con el actual ritmo

de expansión.

Los dos parecían jóvenes de poco más de veinte años. Ambos eran altos y de

formas perfectas.

– Sin embargo, dijo VJ-23X- me resisto a presentar un informe pesimista al

Consejo Galáctico.

– Yo no pensaría en presentar ningún otro tipo de informe. Tenemos que

inquietarlos un poco. No hay otro remedio.

VJ-23X suspiró.

– El espacio es infinito. Hay cien billones de galaxias disponibles.

– Cien billones no es infinito, y cada vez se hace menos infinito. ¡Piénsalo! Hace

veinte mil años, la humanidad resolvió por primera vez el problema de utilizar

energía estelar, y algunos siglos después se hicieron posibles los viajes

interestelares. A la humanidad le llevó un millón de años llenar un pequeño mundo

y luego sólo quince mil años llenar el resto de la Galaxia. Ahora la población se

duplica cada diez años…

VJ-23X lo interrumpió.

– Eso debemos agradecérselo a la inmnortalidad.

– Muy bien. La inmortalidad existe y debemos considerarla. Admito que esta

inmortalidad tiene su lado complicado. La galáctica AC nos ha solucionado

muchos problemas, pero al resolver el problema de evitar la vejez y la muerte,

anuló todas las otras cuestiones.

– Sin embargo no creo que desees abandonar la vida.

– En absoluto -saltó MQ-17J, y luego se suavizó de inmediato-. No todavía. No soy

tan viejo. ¿Cuántos años tienes tú?

– Doscientos veintitrés. ¿Y tú?

– Yo todavía no tengo doscientos. Pero, volvamos a lo que decía. La población se

duplica cada diez años. Una vez que se llene esta galaxia, habremos llenado otra

en diez años. Diez años más y habremos llenado dos más. Otra década, cuatro

más. En cien años, habremos llenado mil galaxias; en mil años, un millón de

galaxias. En diez mil años, todo el universo conocido. Y entonces, ¿qué?

VJ-23X dijo:

– Como problema paralelo, está el del transporte. Me pregunto cuántas unidades

de energía solar se necesitarán para trasladar galaxias de individuos de una

galaxia a la siguiente.

– Muy buena observación. La humanidad ya consume dos unidades de energía

solar por año.

– La mayor parte de esta energía se desperdicia. Al fin y al cabo, nuestra propia

galaxia sola gasta mil unidades de energía solar por año, y nosotros solamente

usamos dos de ellas.

– De acuerdo, pero aún con una eficiencia de un cien por ciento, sólo podemos

postergar el final. Nuestras necesidades energéticas crecen en progresión

geométrica, y a un ritmo mayor que nuestra población. Nos quedaremos sin

energía todavía más rápido que sin galaxias. Muy buena observación. Muy, muy

buena observación.

– Simplemente tendremos que construir nuevas estrellas con gas interestelar.

– ¿O con calor disipado? -preguntó MQ-17J, con tono sarcástico.

– Puede haber alguna forma de revertir la entropía. Tenemos que preguntárselo a

la Galáctica AC.

VJ-23X no hablaba realmente en serio, pero MQ-17J sacó su contacto AC del

bolsillo y lo colocó sobre la mesa frente a él.

– No me faltan ganas -dijo-. Es algo que la raza humana tendrá que enfrentar

algún día.

Miró sombríamente su pequeño contacto AC. Era un objeto de apenas cinco

centímetros cúbicos, nada en sí mismo, pero estaba conectado a través del

hiperespacio con la gran Galáctica AC que servía a toda la humanidad y, a su vez

era parte integral suya.

MQ-17J hizo una pausa para preguntarse si algún día, en su vida inmortal, llegaría

a ver la Galáctica AC. Era un pequeño mundo propio, una telaraña de rayos de

energía que contenía la materia dentro de la cual las oleadas de los planos medios

ocupaban el lugar de las antiguas y pesadas válvulas moleculares. Sin embargo, a

pesar de esos funcionamientos subetéreos, se sabía que la Galáctica AC tenía mil

diez metros de ancho.

Repentinamente, MQ-17J preguntó a su contacto AC:

– ¿Es posible revertir la entropía?

VJ-23X, sobresaltado, dijo de inmediato:

– Ah, mira, realmente yo no quise decir que tenías que preguntar eso.

– ¿Por qué no?

– Los dos sabemos que la entropía no puede revertirse. No puedes volver a

convertir el humo y las cenizas en un árbol.

– ¿Hay árboles en tu mundo? -preguntó MQ-17J.

El sonido de la Galáctica AC los sobresaltó y les hizo guardar silencio. Se oyó su

voz fina y hermosa en el contacto AC en el escritorio. Dijo:

DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

VJ-23X dijo:

– ¡Ves!

Entonces los dos hombres volvieron a la pregunta del informe que tenían que

hacer para el Consejo Galáctico.

La mente de Zee Prime abarcó la nueva galaxia con un leve interés en los

incontables racimos de estrellas que la poblaban. Nunca había visto eso antes.

¿Alguna vez las vería todas? Tantas estrellas, cada una con su carga de

humanidad… una carga que era casi un peso muerto. Cada vez más, la verdadera

esencia del hombre había que encontrarla allá afuera, en el espacio.

¡En las mentes, no en los cuerpos! Los cuerpos inmortales permanecían en los

planetas, suspendidos sobre los eones. A veces despertaban a una actividad

material pero eso era cada vez más raro. Pocos individuos nuevos nacían para

unirse a la multitud increíblemente poderosa, pero, ¿qué importaba? Había poco

lugar en el universo para nuevos individuos.

Zee Prime despertó de su ensoñación al encontrarse con los sutiles manojos de

otra mente.

– Soy Zee Prime. ¿Y tú?

– Soy Dee Sub Wun. ¿Tu galaxia?

– Sólo la llamamos Galaxia. ¿Y tú?

– Llamamos de la misma manera a la nuestra. Todos los hombres llaman Galaxia

a su galaxia, y nada más. ¿Por qué será?

– Porque todas las galaxias son iguales.

– No todas. En una galaxia en particular debe de haberse originado la raza

humana. Eso la hace diferente.

Zee Prime dijo:

– ¿En cuál?

– No sabría decirte. La Universal AC debe estar enterada.

– ¿Se lo preguntamos? De pronto tengo curiosidad por saberlo.

Las percepciones de Zee Prime se ampliaron hasta que las galaxias mismas se

encogieron y se convirtieron en un polvo nuevo, más difuso, sobre un fondo

mucho más grande. Tantos cientos de billones de galaxias, cada una con sus

seres inmortales, todas llevando su carga de inteligencias, con mentes que

vagaban libremente por el espacio. Y sin embargo una de ellas era única entre

todas por ser la Galaxia original. Una de ellas tenía en su pasado vago y distante,

un período en que había sido la única galaxia poblada por el hombre.

Zee Prime se consumía de curiosidad por ver esa galaxia y gritó:

– ¡Universal AC! ¿En qué galaxia se originó el hombre?

La Universal AC oyó, porque en todos los mundos tenía listos sus receptores, y

cada receptor conducía por el hiperespacio a algún punto desconocido donde la

Universal AC se mantenía independiente.

ee Prime sólo sabía de un hombre cuyos pensamientos habían penetrado a

distancia sensible de la Universal AC, y sólo informó sobre un globo brillante, de

sesenta centímetros de diámetro, difícil de ver.

– ¿Pero cómo puede ser eso toda la Universal AC? -había preguntado Zee Prime.

La mayor parte -fue la respuesta- está en el hiperespacio. No puedo imaginarme

en qué forma está allí.

Nadie podía imaginarlo, porque hacía mucho que había pasado el día- y eso Zee

Prime lo sabía- en que algún hombre tuvo parte en construir la Universal AC. Cada

Universal AC diseñaba y construía a su sucesora. Cada una, durante su existencia

de un millón de años o más, acumulaba la información necesaria como para

construir una sucesora mejor, más intrincada, más capaz en la cual dejar

sumergido y almacenado su propio acopio de información e individualidad.

La Universal AC interrumpió los pensamientos erráticos de Zee Prime, no con

palabras, sino con directivas. La mentalidad de Zee Prime fue dirigida hacia un

difuso mar de Galaxias donde una en particular se agrandaba hasta convertirse en

estrellas.

Llegó un pensamiento, infinitamente distante, pero infinitamente claro.

ÉSTA ES LA GALAXIA ORIGINAL DEL HOMBRE.

Pero era igual, al fin y al cabo, igual que cualquier otra, y Zee Prime resopló de

desilusión.

Dee Sub Wun, cuya mente había acompañado a Zee Prime, dijo de pronto:

– ¿Y una de estas estrellas es la estrella original del hombre?

La Universal AC respondió:

LA ESTRELLA ORIGINAL DEL HOMBRE SE HA HECHO NOVA. ES UNA

ENANA BLANCA.

– ¿Los hombres que la habitaban murieron? -preguntó Zee Prime, sobresaltado y

sin pensar.

La Universal AC respondió:

COMO SUCEDE EN ESTOS CASOS UN NUEVO MUNDO PARA SUS

CUERPOS FÍSICOS FUE CONSTRUIDO EN EL TIEMPO.

– Sí, por supuesto -dijo Zee Prime, pero aún así lo invadió una sensación de

pérdida. Su mente dejó de centrarse en la Galaxia original del hombre, y le

permitió volver y perderse en pequeños puntos nebulosos. No quería volver a

verla.

Dee Sub Wun dijo:

– ¿Qué sucede?

– Las estrellas están muriendo. La estrella original ha muerto.

– Todas deben morir. ¿Por qué no?

– Pero cuando toda la energía se haya agotado, nuestros cuerpos finalmente

morirán, y tú y yo con ellos.

– Llevará billones de años.

– No quiero que suceda, ni siquiera dentro de billones de años. ¡Universal AC!

¿Cómo puede evitarse que las estrellas mueran?

Dee Sub Wun dijo, divertido:

– Estás preguntando cómo podría revertirse la dirección de la entropía.

Y la Universal AC respondió:

TODAVÍA HAY DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA

ESCLARECEDORA.

Los pensamientos de Zee Prime volaron a su propia galaxia. Dejó de pensar en

Dee Sub Wun, cuyo cuerpo podría estar esperando en una galaxia a un trillón de

años luz de distancia, o en la estrella siguiente a la de Zee Prime. No importaba.

Con aire desdichado, Zee Prime comenzó a recoger hidrógeno interestelar con el

cual construir una pequeña estrella propia. Si las estrellas debían morir alguna

vez, al menos podrían construirse algunas.

El Hombre, mentalmente, era uno solo, y estaba conformado por un trillón de

trillones de cuerpos sin edad, cada uno en su lugar, cada uno descansando,

tranquilo e incorruptible, cada uno cuidado por autómatas perfectos, igualmente

incorruptibles, mientras las mentes de todos los cuerpos se fusionaban libremente

entre sí, sin distinción.

El Hombre dijo:

– El universo está muriendo.

El Hombre miró a su alrededor a las galaxias cada vez más oscuras. Las estrellas

gigantes, muy gastadoras, se habían ido hace rato, habían vuelto a lo más oscuro

de la oscuridad del pasado distante. Casi todas las estrellas eran enanas blancas,

que finalmente se desvanecían.

Se habían creado nuevas estrellas con el polvo que había entre ellas, algunas por

procesos naturales, otras por el Hombre mismo, y también se estaban apagando.

Las enanas blancas aún podían chocar entre ellas, y de las poderosas fuerzas así

liberadas se construirían nuevas estrellas, pero una sola estrella por cada mil

estrellas enanas blancas destruidas, y también éstas llegarían a su fin.

El Hombre dijo:

– Cuidadosamente administrada y bajo la dirección de la Cósmica AC, la energía

que todavía queda en todo el universo, puede durar billones de años. Pero aún así

eventualmente todo llegará a su fin. Por mejor que se la administre, por más que

se la racione, la energía gastada desaparece y no puede ser repuesta. La entropía

aumenta continuamente.

El Hombre dijo:

– ¿Es posible no revertir la entropía? Preguntémosle a la Cósmica AC.

La AC los rodeó pero no en el espacio. Ni un solo fragmento de ella estaba en el

espacio. Estaba en el hiperespacio y hecha de algo que no era materia ni energía.

La pregunta sobre su tamaño y su naturaleza ya no tenía sentido comprensible

para el Hombre.

– Cósmica AC -dijo el Hombre- ¿cómo puede revertirse la entropía?

La Cósmica AC dijo:

LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA

ESCLARECEDORA.

El Hombre ordenó: – Recoge datos adicionales.

La Cósmica AC dijo:

LO HARÉ. HACE CIENTOS DE BILLONES DE AÑOS QUE LO HAGO. MIS

PREDECESORES Y YO HEMOS ESCUCHADO MUCHAS VECES ESTA

PREGUNTA. TODOS LOS DATOS QUE TENGO SIGUEN SIENDO

INSUFICIENTES.

– ¿Llegará el momento -preguntó el Hombre- en que los datos sean suficientes o el

problema es insoluble en todas las circunstancias concebibles?

La Cósmica AC respondió:

NINGÚN PROBLEMA ES INSOLUBLE EN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS

CONCEBIBLES.

El Hombre preguntó:

– ¿Cuándo tendrás suficientes datos como para responder a la pregunta?

La Cósmica AC respondió:

LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA

ESCLARECEDORA.

– ¿Seguirás trabajando en eso? -preguntó el Hombre.

La Cósmica AC respondió:

– SÍ. El Hombre dijo:

– Esperaremos.

Las estrellas y las galaxias murieron y se convirtieron en polvo, y el espacio se

volvió negro después de tres trillones de años de desgaste.

Uno por uno, el Hombre se fusionó con la AC, cada cuerpo físico perdió su

identidad mental en forma tal que no era una pérdida sino una ganancia.

La última mente del Hombre hizo una pausa antes de la fusión, contemplando un

espacio que sólo incluía la borra de la última estrella oscura y nada aparte de esa

materia increíblemente delgada, agitada al azar por los restos de un calor que se

gastaba, asintóticamente, hasta llegar al cero absoluto.

El Hombre dijo:

– AC, ¿es éste el final? ¿Este caos no puede ser revertido al universo una vez

más? ¿Esto no puede hacerse?

AC respondió:

LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA

ESCLARECEDORA.

La última mente del Hombre se fusionó y sólo AC existió en el hiperespacio.

La materia y la energía se agotaron y con ellas el espacio y el tiempo. Hasta AC

existía solamente para la última pregunta que nunca había sido respondida desde

la época en que dos técnicos en computación medio alcoholizados, tres trillones

de años antes, formularon la pregunta en la computadora que era para AC mucho

menos de lo que para un hombre el Hombre.

Todas las otras preguntas habían sido contestadas, y hasta que esa última

pregunta fuera respondida también, AC no podría liberar su conciencia.

Todos los datos recogidos habían llegado al fin. No quedaba nada para recoger.

Pero toda la información reunida todavía tenía que ser completamente

correlacionada y unida en todas sus posibles relaciones.

Se dedicó un intervalo sin tiempo a hacer esto.

Y sucedió que AC aprendió cómo revertir la dirección de la entropía.

Pero no había ningún Hombre a quien AC pudiera dar una respuesta a la última

pregunta. No había materia. La respuesta -por demostración- se ocuparía de eso

también.

Durante otro intervalo sin tiempo, AC pensó en la mejor forma de hacerlo.

Cuidadosamente, AC organizó el programa.

La conciencia de AC abarcó todo lo que alguna vez había sido un universo y

pensó en lo que en ese momento era el caos.

Paso a paso, había que hacerlo.

Y AC dijo:

¡HÁGASE LA LUZ!

Y la luz se hizo…

 

Las siguientes líneas son una invitación para que autores de blogs en todo el mundo hispano se adhieran libremente en caso de encontrar afinidad con su contenido. Usted puede copiarlo, modificarlo, agregarle premisas o quitarle aquellas que no considere pertinentes; cambie los verbos o cualquiera de las palabras que le disgusten para que llegue a un texto con el que se sienta plenamente identificado.

Puede citarme o no, porque no busco efímeras glorias ni más tráfico, sino que la idea de la Libertad de Expresión se expanda como vapor en el aire. Hasta en eso creo que deber haber completa libertad.

  1. Como autor de mi blog soy respetuoso de la palabra. Abrazo la libertad, como cobijo la democracia.
  2. Soy mi palabra. Soy coherente entre lo que pienso y lo que siento, como con lo que digo y lo que hago.
  3. Reitero con mi blog mi deseo de expresarme libremente, de decir lo que quiera con responsabilidad.
  4. Soy independiente de mis intereses y dependiente de mis principios. Y si tengo intereses, mis lectores los conocerán de manera transparente.
  5. Al mantener mi blog soy consciente de que pertenezco a un entorno ante el que tengo derechos y con el que tengo responsabilidades.
  6. Mis palabras tienen tanto peso que no necesitan que las defienda con acciones más allá de las palabras.
  7. Repudio públicamente los ataques a mi blog o a cualquiera de las presencias en la red. Si ataco por las vías de hecho las obras de los otros, estoy admitiendo mi imposibilidad de argumentar.
  8. Respeto tanto al otro como respeto a los demás. A pesar de las distancias respiro el mismo aire y eso nos pone en el mismo nivel.
  9. Hago parte de una generación que, sin importar la edad, aprendió a expresarse tranquilamente en medio de un mundo hostil. Es algo que he ganado y que no estoy dispuesto a perder.
  10. Puedo ser militante en cualquiera de los extremos del pensamiento o de las creencias y debo poder tener la certeza de que no seré agredido por ello.
  11. Puedo equivocarme una, pocas o muchas veces, pero siempre tendré la humildad de reconocer mis errores.
  12. Haré este texto mío con o sin estas palabras. Cada cual podrá adherir a él con las palabras que sienta más cercanas a su forma de expresión.
  13. Mi compromiso con la libertad de expresión es irrenunciable e inembargable; no transo en ello.
  14. Pertenezco a este planeta, el mismo en el que muchos han muerto por la libertad; tal vez no dé mi vida por mi blog, pero entregaré todas mis fuerzas a la consigna de la tolerancia a la palabra ajena. Soy libre, soy blogger.

Vía @solano

Durante las vacaciones, el trasnochar con frecuencia parece de lo más normal… ¿Qué tanto afecta esta situación en su desarrollo físico?

¿Qué tiene de malo que me acueste a las 4:00 de la mañana y me levante al mediodía, si estoy de vacaciones? Clásica pregunta de un adolescente durante el verano, que necesita de una sólida respuesta de sus padres.
Para muchos jóvenes, el verano es sinónimo de dormir durante el día y vivir de noche. No saben cuán necesario es un sueño reponedor en esta etapa de grandes cambios, los cuales exigen que el organismo descanse. Desconocen también que no sólo deben dormir un mínimo de horas, sino que éstas deben ser nocturnas.
Mientras el recién nacido necesita 14 y hasta 17 horas de sueño y un preescolar debe dormir 9 horas, los adolescentes deberían dormir un mínimo de 10 horas, pues su organismo está sufriendo muchos cambios, tanto desde el punto de vista físico como psíquico.
Porque el sueño no es sólo para descansar y reponer fuerzas: mientras dormimos se renuevan las células del cuerpo, piel y vísceras. Asimismo, se forman defensas contra las enfermedades, como son los glóbulos blancos y, entre otras cosas, se producen las hormonas necesarias para el crecimiento. “Mientras mejor es la calidad del sueño, mejor es el mantenimiento del organismo”, señaló recientemente en una entrevista de prensa la neuropsiquiatra de niños y adolescentes, Amanda Céspedes. “Las proteínas de la inteligencia -agregó la doctora- se adosan a la membrana de cada uno de los millones de neuronas cerebrales y se sintetizan en el sueño profundo, para ser empleadas durante la vigilia todas las veces que se requiere, de un modo infinito, a través de la vida.
La falta de sueño también repercute en el carácter y el rendimiento académico de los adolescentes. Si no se duerme bien, se produce irritabilidad, mal carácter y agresividad. En cuanto al rendimiento escolar, hay estudios que demuestran la importancia que tiene dormir en forma adecuada. Uno de ellos es el que actualmente realiza el Centro Médico del Sueño de la Universidad Católica en alrededor de 100 escolares, cuyas edades fluctúan entre 8 y 15 años. “Según los resultados preliminares existe una directa relación entre problemas de sueño y alteraciones académicas”, dice el doctor Tomás Mesa, neurólogo infantil y coordinador de la sección pediátrica de dicho Centro Universitario.

¿A QUÉ HORA?
Una moda española o argentina trajo a Chile la costumbre de salir muy de noche. Muchos panoramas empiezan, como mínimo, a la una de la mañana. “¡Mamá, si mañana duermo hasta las tres de la tarde y recupero las horas de sueño!”, suelen alegar. Pero la intuición de las madres no es vana: no es lo mismo dormir de día que dormir de noche, por algo la naturaleza dispuso horas “oscuras” (especiales para invocar a Morfeo) y horas “claras”. Según el doctor Tomás Mesa, además de la cantidad de horas de sueño, es fundamental dormir de noche. Explica que el sueño y la vigilia (horas en que estamos despiertos) constituyen un ciclo indisolublemente unido: todo lo que ocurre durante ella va a tener una expresión sobre él y viceversa.
“Alrededor de 15 horas después de habernos levantado, nos da sueño porque el organismo está fatigado, nos cansamos tanto física como psíquicamente. Es importante descansar en ese momento y no prolongar artificialmente la vigilia , señala el médico.
Para el doctor Mesa, si un adolescente se acuesta a las cuatro de la mañana después de haber comido, bailado y tenido gran actividad, su sueño no va a ser el mismo que podría tener sin tanta excitación previa. “No va a tener un sueño tan calmo y reparador como el que necesita y las diferentes etapas del sueño no se lograrán como se debe”, agrega el profesional.
Dormir de noche, es decir, cuando no hay luz, no es un capricho del cuerpo. “El ciclo circadiano, el día y la noche, nos hace funcionar desde un punto de vista hormonal, y es por eso que tenemos que dormir cuando no hay luz. Hay una serie de hormonas, como la melatonina, que dejan de producirse con la aparición de la luz solar”, explica el doctor Mesa. La neuropsiquiatra infantil Amanda Céspedes señala que la melatonina ayuda a mantener el sueño durante 8 ó 10 horas, activa los procesos de síntesis de proteínas y de recambio celular, y estimula la producción de endorfinas, que son hormonas del bienestar y el afecto.
Para la profesional, si se mantienen artificialmente la vigilia y la luz, la melatonina no se produce y tampoco las endorfinas; además sobreviene el insomnio, pues la melatonina también es la que induce a dormir de noche.
A todo esto se une lo fundamentales que son desde el punto de vista fisiológico y psicológico, las horas que van desde las once de la noche a las tres de la mañana, porque en esos momentos el organismo requiere una actividad mínima, tanto de alimentación como de actividad física o mental.
Finalmente, el doctor Mesa plantea que en los ciclos circadianos la temperatura, la actividad mental y la actividad cardiaca funcionan más precariamente alrededor de la una y dos de la mañana. “Muchos accidentes se producen a estas horas porque el organismo está más débil”, concluye el neurólogo infantil.

¿NADAR CONTRA LA CORRIENTE?
Dormir de noche no sólo es importante desde el punto de vista fisiológico, sino también para tener una sana convivencia familiar. Si para los jóvenes la mañana es noche, se olvidan del deporte, se atrasa el aseo de sus piezas y llegan con dificultad al almuerzo familiar.
Los propios jóvenes reconocen que preferirían acostarse más temprano para no estar tan cansados al día siguiente y aprovecharlo mejor. Sin embargo, no quieren ser los primeros en llegar a los panoramas, aunque tengan que “hacer hora” en sus casas hasta las doce de la noche.
“Como padre creo que lo que se puede hacer es tratar de ponerse de acuerdo con los otros padres para tratar de que las fiestas no duren hasta tan tarde. Me parece que la única manera de que se acuesten más temprano es hablar con la comunidad y con nuestros hijos. Uno no puede prohibir por ley dice el doctor Mesa.
Las horas que van desde las once de la noche a las tres de la mañana son fundamentales desde un punto de vista fisiológico y psicológico, porque en esos momentos el organismo requiere una actividad mínima para producir melatonina y endomorfinas, responsables del correcto funcionamiento del cuerpo y la mente.
Dormir de noche, es decir, cuando no hay luz, no es un capricho del cuerpo. “El ciclo circadiano, el día y la noche, nos hace funcionar desde un punto de vista hormonal, y es por eso que tenemos que dormir cuando no hay luz, Hay una serie de hormonas, como la melatonina, que dejan de producirse con la aparición de la luz solar”.

¨En los años 50s los meteorólogos se dieron cuenta de que no eran capaces de predecir el tiempo para mas de 48 horas, y eso a pesar de la utilización de ordenadores cada vez mas potentes…
Las leyes atmosféricas y meteorológicas eran conocidas, pero no podían aplicarse a largo plazo: la mas mínima corriente de aire, tenia una influencia, a la larga, sobre las masas de aire atmosféricas
Había que tener en cuenta el mas mínimo movimiento de aire, aunque fuese el aleteo de una mariposa.¨

“el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo” (proverbio chino)

Aquí puedes descargar este curioso e interesante Cómic, tiene 144 paginas, pero muy pocos diálogos, y las imágenes son grandes (como la anterior)

Por ultimo, no podía faltar algo de humor:

¿Quien es Mario Bunge?

Mario Bunge (Buenos Aires, 21 de septiembre de 1919) es un físico, filósofo de la ciencia y humanista argentino; defensor del realismo científico y de la filosofía exacta. Es conocido por expresar públicamente su postura contraria a las pseudociencias, entre las que incluye al psicoanálisis, la homeopatía, la microeconomía neoclásica (u ortodoxa) y la teoría de cuerdas además de sus críticas contra corrientes filosóficas como el existencialismo, la fenomenología, el posmodernismo, la hermenéutica y el feminismo filosófico.

(Wikipedia)

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Entrevistadores: Alejandro Agostinelli, Alejandro J. Borgo, Heriberto Janosch, L. Enrique Márquez, Mariano Moldes, Benjamín Pedrotti y J. C. Torres

-En el prefacio de su libro “Seudociencia e Ideología” ud. relata que cuando era adolescente tenía en su estudio tres retratos: el de Einstein, el de Marx y el de Freud. Dice que el primero en caer fue el de Freud. Nos gustaría saber cómo, cuando y por qué cayó. ¿Fue algo paulatino?

-No, fue bastante súbito. Fueron dos experiencias. Una con un psicoanalista amigo que me hizo uno de esos psicoanálisis instantáneos: “sí, lo que pasa es que vos tenés problemas de amor y de trabajo”. Yo tenía 16 o 17 años. Al principio pensaba ¿como se habrá enterado?. Después empecé a recapacitar: “todos los adolescentes tenemos problemas de ese tipo”. Y poco después este hombre enloqueció completamente: se quería tirar de una ventana porque decía que iba a salir volando. Entonces me dije “Bueno, por lo menos a la locura el psicoanálisis no la trata”. Segundo, leí un libro de Bertrand Russell que se llamaba algo así como Introducción a la Filosofía, de 1914. Y ahí tiene un largo capítulo sobre la psicología más avanzada de aquel tiempo: la reflexología y el conductismo, que habían nacido de Pavlov por una parte y de Watson por otra. Y, como todos saben, Russell se reía del psicoanálisis. Entonces pensé “Ah! esta gente tratará de explicar las cosas de un modo materialista, recurriendo al sistema nervioso”. Eso me abrió los ojos. Y tengo que recordar un tercer motivo: en aquella época yo me consideraba marxista. Leí un libro de Reuben Osborne –quien era freudomarxista- que expresaba la combinación o síntesis entre el marxismo y el freudismo, una corriente que nació en Viena y se propagó enseguida. El libro me indignó tanto que escribí un libro en contra. Y a medida que lo iba escribiendo me iba volviendo más y más antipsicoanalítico. Antes de estas tres experiencias yo creía en el psicoanálisis, desde luego, como adolescente porteño que ve los libros de Freud en los quioscos del subterráneo a 50 centavos cada uno, al alcance de todo el pueblo, de cualquiera que sepa leer y escribir; éstas me convencieron de que el psicoanálisis no era científico. Desde entonces, no he hecho más que continuar en esta opinión. Al estudiar psicología moderna, en particular psicología fisiológica, uno se da cuenta de que Freud, entre otras cosas, adopta una posición dualista frente al problema mente-cuerpo. Posición que no es original de Freud: es tan vieja como la religión, pero él la tomó del neurólogo inglés Hughlins Jackson, quien a su vez adoptó una posición propuesta por primera vez por el gran filósofo y matemático Leibniz, quien sostenía que los procesos mentales y los procesos biológicos eran paralelos entre sí. Cada vez que uno pensaba una idea, ocurría algo en el cerebro, pero era una sincronización: la mente iba por su lado y el cerebro por el suyo. Eran paralelos. Como dos relojes independientes pero sincronizados. Es la hipótesis del paralelismo psicofísico. Y bueno, es muy insatisfactorio. No se entiende por qué diablos son sincrónicos. Tampoco se entiende por qué un cerebro con muchas circunvoluciones nos confiere alguna superioridad. Si la mente no necesitara del cerebro, nos convendría tener un cerebro chiquito, que se ocupara de regular los movimientos y la temperatura, en lugar de tener una caja craneana tan incómoda que nos obliga, entre otras cosas, a la confección de sombreros.

-¿Y por qué piensa ud. que persistió el psicoanálisis? ¿Cómo convive con la psicología moderna? ¿Por qué tuvo tanto éxito? Inclusive en el ambiente universitario, académico, entre los médicos…

-Por tres motivos, creo. Primero: Freud y sus secuaces enfocaron dos problemas que la psicología tradicional había descuidado: el problema de las emociones y el problema del sexo. Los psicólogos tradicionales se ocuparon sólo de los procesos mentales conscientes. No se ocuparon de las emociones, del afecto ni del sexo; no se podía hablar de eso siquiera, era un tabú. Entonces ¿que pasa?, cuando la ciencia no se ocupa de un tema que interesa a todo el mundo, inmediatamente vienen los charlatanes y lo acaparan. Y el segundo motivo es que es fácil. El estudio del psicoanálisis no requiere ninguna preparación previa: un chico de 16 años puede convertirse en un erudito psicoanalista simplemente leyendo, porque se trata de leer textos. No hace falta estudiar psicología experimental, neurología, ni saber matemática o biología, no hace falta saber nada. Es el facilismo. Entonces, algo que es fácil y se ocupa de asuntos realmente importantes como son la emoción y el sexo, ¿cómo no va a atraer a la gente, en particular a los jóvenes incautos?. El tercer motivo ya es comercial: para poder aplicar una terapéutica cualquiera hace falta estar entrenado, por ejemplo como médico, psiquiatra o psicólogo clínico. Hay que estudiar seriamente si uno quiere ser eficaz y honesto. Para ser psicoanalista no hace falta nada. Un psicoanalista puede practicar, puede ganarse la vida y ganársela bastante bien –por lo menos en EE.UU. y el resto de Norteamérica donde cobra 100 dólares la hora-. Puede hacerlo sin ninguna preparación previa. Esos son los motivos: que el psicoanálisis se ocupa de problemas auténticos –aunque se ocupa mal-, que es fácil y que es rentable. Los tres hicieron que el psicoanálisis se expandiera como reguero de pólvora. Pero ya terminó su ciclo. Queda solamente en los países del Tercer Mundo.

-En la Universidad de Buenos Aires más del 90% de la gente enseña psicoanálisis. Más que enseñar, se adoctrina. En primer año se ve psicoanálisis, en segundo o tercero se ve “psicopatología” que es puro Lacan. No se ve una actitud de apertura…

-Claro. “Macaneo I”, “Macaneo II”, “Macaneo III”…, y ya pueden empezar. Se lanzan sobre la población incauta y pueden ejercer una profesión.

-Y las comunidades científica y universitaria ¿qué hacen frente al psicoanálisis? ¿Lo toleran?.

-Desgraciadamente hay excesiva tolerancia para con los colegas. Pero lo que sucede en los países más avanzados es que se tolera a algún profesor que haga psicoanálisis. Por ejemplo, en mi Universidad (McGill) hay uno o a lo sumo dos miembros del departamento de psiquiatría que hacen psicoanálisis. Más no. Y los demás los toleran entre otras cosas porque carecen de las herramientas epistemológicas para demostrar que el psicoanálisis es una pseudociencia. Y también, digámoslo de frente, les falta el coraje para decirlo. En particular tratándose de psicosis, si ud. pone a un psicótico –digamos un esquizofrénico o un depresivo- en manos de un psicoanalista, ese enfermo no se va a curar y, más aún, corre peligro de terminar suicidándose o matando a otro. Esta mañana recibí una carta de un amigo con quien había perdido contacto, con el que habíamos trabajado juntos en la Universidad Obrera en los años ´40. Me contaba que su odio al psicoanálisis se debe a que tenía una hija depresiva, que se había puesto en manos de un analista. Con la palabra no se cura la depresión… Esta chica terminó pegándose un tiro, ¡su única hija!. Entonces, él no tiene un motivo puramente intelectual sino también afectivo para considerar que la práctica del psicoanálisis es delictuosa. Tolerarla es dar patente de corso a los charlatanes. A diferencia de la astrología y la parapsicología, que arruinan la manera de pensar y concebir el mundo pero –que yo sepa- no ponen en peligro la vida de nadie, el psicoanálisis es mucho más nocivo que estas creencias.

-Pero ¿no cree ud. que el psicoanálisis es la pseudociencia que, por dictarse en la Universidad, más influye sobre el estudiante?

-Sí, sí. En la Universidad argentina ¿eh?; en mi Universidad y en las demás de Norteamérica no se enseña psicoanálisis, y menos que menos psicoanálisis lacaniano. Con alguna que otra excepción, y siempre en los departamentos de psiquiatría, no en los de psicología. Está en plena decadencia. A partir de los años ´70 –o tal vez un poco antes- la cultura argentina ha sido barrida por los militares y por el irracionalismo. Es uno de los tantos componentes del esoterismo, del macaneo. ¿Cómo no va a invadir la Universidad?. La Universidad ha sido destruida en 1966 por la dictadura militar. Luego vino un intento de recuperación, después fue vuelta a destruir, y todavía no se ha recuperado. Es un escándalo que no haya epistemólogos que hagan la crítica de esta macana por falta total de preparación científica y filosófica. Hay que combinar las dos cosas.

-Una forma de ganarle terreno a los psicoanalistas sería disponer de un buen presupuesto, porque la psicobiología necesita laboratorios e instrumental, mientras que el psicoanálisis es barato para quienes lo practican.

-Por supuesto. Es más fácil escribir un artículo psicoanalítico que una contribución seria a la psicología científica. Pero en el país existen –por suerte- psicólogos biológicos; los he encontrado en Mendoza y en Rosario. En España y México, invadidos por psicoanalistst argentinos, me he encontrado con algunos. Esta gente ha invertido años en adquirir esta preparación. La psicología moderna –con laboratorios- es la única que está haciendo avances espectaculares. Por eso es que se interesan por ella muchos médicos, psiquiatras y estudiosos de las afasias, de las perturbaciones del habla y de la comprensión del habla.

-Martin Gardner, en uno de sus últimos libros, sostiene que una buena forma de aprender ciencia es viendo en qué se equivocan sus chiflados. Esa parece una frase suya. ¿De qué chiflados, de que pseudociencias cree ud. haber aprendido más?

-Del psicoanálisis, claro. Ah! también algo de la parapsicología. El motivo fue que algunos colegas físicos y matemáticos creían en la parapsicología. En la Universidad, la creencia en la parapsicología está muy difundida. Alrededor del 50% de la gente cree en la posibilidad de la telepatía, no tanto ya en la telekinesis. Para hacer la crítica uno necesita argumentos, y así lee artículos del Journal of Parapsychology, analiza los experimentos, trata de ver qué es lo que falla, y hace además una crítica psicológica, desde el punto de vista de la filosofía de la mente. Como dice Gardner, se puede aprender mucho sobre el método científico leyendo a los macaneadores. Pero yo no creo que sean chiflados de la ciencia, ni que estas creencias sean ciencias patológicas, como alguien las llamó; son simplemente no-ciencia. Ni siquiera se toman mucho trabajo para aparentar ser ciencias, cualquiera puede entenderlas. Los únicos pseudocientíficos que hacen experimentos son los parapsicólogos, del mismo modo, la única pseudociencia que se apoya en una ciencia es la astrología; son los únicos que consultan a la astronomía, los demás se valen solos. Son independientes. Justamente Freud insistía con el tema de la independencia del psicoanálisis con respecto a la neurofisiología, y Lacan aún más. Lacan quiso rescatar un proyecto de Facultad de Psicología esbozado por Freud. Los estudiantes deberían aprender literatura, mitología, y por supuesto, psicoanálisis I, II, etc. Tenían que tener cultura literaria y humanística pero ninguna cultura científica. En particular no se aprendía psicología experimental, nada que oliera a laboratorio. ¡Que contentos se pondrían al saber que su proyecto se realizó aquí, en el Tercer Mundo!

-Ud. cree que Freud tuvo desde el principio un objetivo bien determinado o más bien que la teoría psicoanalítica fue formándose un poco azarosamente, de acuerdo a las vivencias y rasgos de personalidad del propio Freud?

-Bueno, ud. conoce la carrera de Freud. Comenzó como neurólogo, siguiendo la escuela de Hughlins Jackson. Él intentó hacer algo de laboratorio y no le salió. A él –como a cualquiera- le interesaban los sueños, las psicopatologías, etc., y en ese momento la psicología científica, sobre todo la parte de las psicopatologías, estaba poco avanzada. No es que no existiese; había empezado en Francia con Paul Broca y en Alemania con Karl Wernicke. Sin embargo no eran muy populares. Ahora bien, Freud –y esto lo dice claramente Ernest Jones, su más afamado biógrafo- quería casarse, y se sabía incapaz de hacer carrera por falta de méritos científicos suficientes, siempre sería un profesor adjunto. Entonces decidió abandonar completamente la orientación científica. No solo está Jones, que es muy explícito. También se puede ver en su propia correspondencia. Aparte de ese interés material, y de la imposibilidad de hacer una carrera científica por falta de competencia, de originalidad, debe haber influido también el hecho de que Freud era cocainómano, Necesitaba la droga y se daba cuenta de que no podía alcanzar la lucidez sin ella, y eso, a una persona que ha recibido entrenamiento médico –Freud lo tuvo en la Escuela de Medicina de Viena, que junto con las de Berlín y de París eran las más prestigiosas de Europa- debe haberlo preocupado bastante, quitándole confianza ante la posibilidad de hacer ciencia en serio. Pero además estaba su interés auténtico por los problemas afectivos, la sexualidad, las emociones. A fines del siglo 19 hay en él una auténtica conversión. El hombre abandona totalmente el camino científico y se desbarranca.

-Es como ud. decía en una conferencia: “donde hay un vacío, ese vacío se llena con basura”. Sería el caso de toda esta pseudopsicología…

-Sí, sí. No el caso de Lacan, que no enfocó ni un solo problema científico en su vida. Pero es así en general, sobre todo a nivel popular.

-Pero ¿podemos decir que hay un vacío a nivel psicoterapéutico en las corrientes psicológicas que tratan de enfocar científicamente su campo de interés?

-Lo había hasta que nació la terapia de la conducta, que se ocupa de los casos tratables por medios sencillos, sin drogas. Lo hubo en el caso de la depresión y la esquizofrenia hasta 1955, cuando por primera vez se descubrieron neurolépticos eficaces. Es cierto que tienen efectos secundarios muy desagradables de tipo dermatológico y pérdida de memoria, aunque no una pérdida definitiva. También es verdad que tales dolencias no se pueden curar definitivamente, pero sabemos controlarlas. Por ejemplo, un íntimo amigo mío, investigador de primera línea, es maníaco-depresivo. Se controla con esas drogas. Cuando está en el período maníaco, o sea ascendente, es de una productividad increíble. Después tiene depresiones, pero controladas; jamás tiene las que lo afectaban antes de comenzar a tratarse con las sales de litio. Yo lo he visto en sus depresiones antes del tratamiento. ¡Estaba totalmente destrozado!. Parecía un chico autista, encerrado en sí mismo, sin querer ver ni oír nada, desconfiando de todo el mundo –hasta de sus amigos y de su mujer-. Pero ahora está controlado: produce, va al laboratorio todos los días, escribe –y no pavadas- sobre cosas importantísimas. Hoy día se puede llevar una vida casi normal con problemas depresivos que, no tratados, probablemente llevarían al suicidio. Una sobrina mía es un caso parecido; una poetisa brillante. Al principio la trataba un psicoanalista y, por supuesto, ella iba de mal en peor. No sólo dejó de escribir sino que se escapaba de la casa y tenía unos episodios espantosos. Ahora está controlada, felizmente. Pero hay mucho por hacer todavía, no hay suficiente gente ocupándose de estas cosas y hay demasiada creyendo que la magia de la palabra puede suplir a las drogas, porque ignora que, entre otras cosas, el cerebro es un sistema químico. Basta cambiar la química del cerebro para modificar la forma de sentir o incluso de pensar. Y en realidad todos nosotros tenemos experiencias en ese sentido. Cuando estamos adormilados tomamos una taza de café; hay una droga llamada cafeína que nos da lucidez. Por eso no tendría que ser tan difícil de comprender.

-Esto es una grave objeción al dualismo, el cual sin embargo persiste.

-Persiste entre otras cosas porque estamos atados a la religión, porque tenemos resabios de una filosofía anticuada. Todavía la mayor parte de los cursos de psicología no son cursos de psicología biológica. El estudio de lo mental no se encara desde una perspectiva biológica.

-En su libro “El problema mente-cerebro”, ud. hace una crítica a la postura de que los predicados mentalistas no son reductibles a predicados neurofisiológicos. Está claro que su concepción de la mente es la de una colección de procesos cerebrales. ¿Qué me dice de Russell cuando afirma que esos predicados son sintéticos y no analizables?

-Sí, pero tenga en cuenta que Russell escribió esto en 1921, cuando casi toda la psicología fisiológica que había trataba sobre el problema de la percepción. Se ha avanzado muchísimo en estos tres cuartos de siglo. Le voy a dar un ejemplo. Ud. puede decir que Fulano está hablando. Una manera neurofisiológica de decirlo es afirmar “las áreas de Wernicke y de Broca de Fulano están activas”. Otra: “Fulano está viendo”, es como decir “la corteza estriada de Fulano está activa en este momento”. A primera vista pareciera que no tienen nada que ver. Eso ocurre porque no nos hemos acostumbrado. Es como si un dualista le dijese a un físico que el predicado brillante no tiene nada que ver con los que intervienen en la teoría del estado sólido, que analizan el proceso de reflexión de un rayo luminoso por los átomos que componen la superficie del objeto brillante, y sin embargo es la misma cosa. Los primeros en darse cuenta de que podemos deducir o definir los predicados que usamos para describir nuestras percepciones en términos de predicados que definen cosas invisibles fueron los atomistas griegos. Claro que ellos no tenían toda la teoría que ahora tenemos. Hoy se puede. El paso que la física dio en este siglo (XX), tendrá que hacerlo la psicología en el próximo.

-¿Puede decirse que en ese sentido el programa de la psicología fisiológica es la reducción de los predicados mentales fenomenistas a predicados neurofisiológicos?

-Sí. Y requiere de teorías, difíciles, que están en proceso de construirse. Pero los obstáculos no son inherentes a la materia sino a la formación de los psicólogos. No suelen tener una buena formación biológica, y menos aún matemática. Entonces, los que se dedican a la psicología matemática, al no tener una buena formación biológica, se contentan con hacer teorías –por ejemplo del aprendizaje- que no tienen ninguna relación con el llamado sustrato neurofisiológico. La ley de Thorndike sobre el aprendizaje puede enunciarse sin recurrir a consideraciones psicobiológicas. La ley es correcta, pero queremos entenderla en términos de refuerzo de conexiones neuronales. Entonces lo que se necesita es un Hebb con cultura matemática. La formación inicial de Hebb fue literaria. Una vez yo le pregunté “Por qué le tiene rabia a la matemática, o a los modelos matemáticos”, y me contestó: “No, ese es un defecto personal mío. Yo de adolescente soñaba con escribir novelas, incluso escribí una. Yo no le tengo rabia a la matemática, es que no sé”, “¿Y no habrá un segundo motivo?” continué yo, “como los modelos que hoy hay son en su mayoría conductistas y por lo tanto superficiales, no llegan al meollo de la cuestión””… Ahí Hebb estuvo de acuerdo conmigo. Yo creo que hay que imponer, no un proyecto de Facultad de Psicología, sino cambiar los planes de estudio en esa carrera, e incluir una buena formación biológica y matemática.

-Volviendo al psicoanálisis, el Dr. Klimovsky, sin ser un defensor del psicoanálisis, propone considerarlo como una protociencia antes que como una pseudociencia, y esperar que los psicoanalistas sistematicen la teoría psicoanalítica para convertirla así en científica. ¿Ud. opina que no hay nada rescatable en el psicoanálisis?

-No, no hay nada rescatable. Lo que pasa es que Klimovsky es un matemático, y él tiene la visión de la ciencia que es común a los matemáticos. Creo entender que su posición es la de que si se axiomatizara y se formalizara correctamente el psicoanálisis, ya se convertiría en ciencia. En mi libro La investigación científica desarrollé un contraejemplo; doy allí una “Axiomática de los fantasmas”, una teoría matemática de los fantasmas. Matemáticamente es correcta… ¡pero los fantasmas no existen!. La matematización es necesaria para hacer avanzar una ciencia más allá de cierto límite, para aumentar la precisión y la profundidad, pero no es imprescindible para hacer ciencia, y menos aún suficiente. Se puede macanear matemáticamente. La matemática no nos da más que formas; si ud. llena las formas con basura, sigue siendo basura. Si en vez de descartar la basura la pone en un paquete lindo, con un moño rosa, sigue siendo basura. Yo estoy en desacuerdo con el Dr. Klimovsky; el psicoanálisis no es científico, es una pseudociencia. Hace dos tipos de afirmaciones gratuitas: las comprobables y las no comprobables. Las no comprobables son no científicas desde el vamos. Las comprobables se dividen a su vez en dos grupos: las que nunca fueron puestas a prueba – y aún así son sostenidas por los psicoanalistas- , y las que sí lo fueron y resultaron ser falsas. Estas últimas ¡nunca fueron ensayadas por psicoanalistas, quienes jamás se anduvieron tomando ese tipo de molestias!. Entonces, el carácter pseudocientífico del psicoanálisis es evidente. En cuanto a que el Dr. Klimovsky no defiende el psicoanálisis, cabe destacar que hace 30 años –por lo menos- que viene haciéndole propaganda.

-Como miembro del CSICOP, ud. habrá observado que cuentan con un psicoanalista entre sus consultores, y además la revista –The Skeptical Inquirer- nunca ha tocado el tema del psicoanálisis. ¿Habló de eso con Paul Kurtz alguna vez?

-Sí. Lo que ellos quieren hacer es una especie de frente único contra la parapsicología, la ufología, etc. Ese es un error de omisión; yo los acompaño en la medida en que estoy de acuerdo con ellos en otros respectos. Pero tenga en cuenta también que The Skeptical Inquirer no publica artículos psicoanalíticos, que ya es algo.

-Lo que sí hubo fueron críticas salpicadas, como la de Terence Hines. Pero si alguien lo quisiera abordar ¿usted cree que habría censura?

-Yo no creo. Una vez publicaron algo que les mandé y allí mencionaba al psicoanálisis como una pseudociencia.

-Tal vez ese descuido se deba a que el psicoanálisis allí no es un fenómeno tan extendido como aquí, y preocupa más el tema de la creencia en los fenómenos psi.

-Sí, en efecto. Las otras supersticiones son mucho más populares. Tengamos en cuenta que la mitad de la población universitaria, por lo menos en el caso de los estudiantes, cree en la realidad de los fenómenos parapsicológicos.

-Una nota del diario Clarín habla de un estudio según el cual 3 de cada 4 adolescentes en lo EE.UU. creen en los ángeles.

-¡Pero siempre llegan tarde los ángeles! (Risas). Son como los detectives de las películas: cuando ellos llegan han matado a media docena de personas, y a menudo siguen siendo asesinadas mientras ellos investigan. Tal vez será que no están informatizados, los ángeles.

-Volviendo al psicoanálisis, ¿conoció ud. la obra del Dr. Georg Friedrich Nicolai?. Fue uno de los primeros en atacarlo en su obra “Análisis del psicoanálisis”.

-No leí el libro pero sí sé del Dr. Nicolai. Fue uno de los cuatro científicos que firmó un manifiesto en contra de la Primera Guerra Mundial y por eso se tuvo que ir de Alemania…
-Para terminar, se nos dice frecuentemente que al exigir una postura científica somos cerrados, negativistas, que no somos abiertos…

-(Interrumpe)¡¡Y está bien!!… (Risas). Somos cerrados. No somos abiertos a la basura. Eso es lo que están diciendo ustedes: “No consumimos basura. Somos muy cerrados”

Fuente: El Ojo Escéptico, órgano de la Fundación CAIRP

Algunas obras de Mario Bunge para descargar en PDF (muy recomendado):

Cien ideas (2006) (Colección de artículos periodísticos)

La ciencia, su método y su filosofía (1997), &  Ser, Saber, Hacer (2002)

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